Entrar Via

La amante despreciada del CEO romance Capítulo 209

Al llegar a la oficina de la organizadora de bodas, Dominic tomó la iniciativa desde el primer segundo. La mujer los recibió con varios catálogos gruesos y muestrarios de telas sobre la mesa, pero Dominic ni siquiera esperó a que ella empezara con su discurso habitual.

—Quiero lo mejor para Grace —sentenció Dominic, sentándose en el sillón y acercando uno de los catálogos de flores—. No me importa el presupuesto. Ella debe tener la boda de sus sueños, exactamente como se la imagine.

Grace lo miró de reojo, conteniendo una sonrisa ante el desborde de entusiasmo de su futuro esposo. Ella esperaba una reunión rápida para definir lo básico, pero Dominic estaba completamente sumergido en los detalles.

—Señor Pierce, primero debemos elegir la paleta de colores para el salón y las mantelerías —explicó la organizadora, acomodándose los anteojos.

—Blanco texturizado, tonos crema y detalles en oro viejo —respondió Dominic de inmediato, sin pestañear—. Nada de cosas sencillas. Y las flores quiero que las traigan directamente de Holanda. Orquídeas y rosas blancas, que inunden todo el lugar.

Grace le tocó el brazo, divertida por su intensidad.

—Dominic, amor, apenas estamos viendo el lugar de la recepción —le dijo Grace con calma—. No te aceleres.

—No me acelero, Grace, quiero que todo sea perfecto —le replicó él, girándose a verla con una fijeza llena de ilusión—. Pasamos por demasiadas cosas para llegar a este momento. Te mereces una boda espectacular, no voy a escatimar en nada.

La organizadora anotaba todo a toda prisa, complacida por tener a un novio tan decidido. Dominic siguió pasando las páginas, opinando sobre el tipo de vajilla, la iluminación y la música para el vals, mostrando una emoción que superaba por mucho la tranquilidad de Grace, quien solo lo observaba con el corazón lleno de amor al ver cuánto le importaba hacerla feliz.

****

Al regresar al apartamento, Dominic y Grace se encontraron con los niños jugando en la sala bajo la supervisión de la niñera. En cuanto vieron entrar a sus padres, Derek y Doménica dejaron los juguetes y corrieron a recibirlos.

Doménica se detuvo justo frente a Grace, inclinando la cabeza para observar detenidamente su silueta de tres meses de embarazo.

—Mamá —preguntó Doménica, señalando con el dedo—, ¿cómo es que tienes un bebé en la panza?

Derek abrió mucho los ojos, se acercó un paso y soltó la duda con total seriedad:

—¿Te lo comiste?

Grace soltó una carcajada limpia al escuchar la ocurrencia de su hijo. Miró de reojo a Dominic y vio la oportunidad perfecta para ponerlo en aprietos. Le dio una palmadita en el hombro al imponente hombre, con una mirada cargada de malicia divertida.

—Su papá les va a explicar exactamente cómo llegó el bebé ahí —anunció Grace, aguantándose la risa—. Mientras tanto, yo voy a la cocina por un vaso de agua.

Grace se dio la vuelta a toda prisa, dejándolo completamente solo en medio de la sala.

Dominic se quedó inmóvil. El poderoso CEO, el hombre que manejaba juntas directivas multimillonarias y controlaba los puertos con mano de hierro, se quedó sin saber qué decir. Miró a los mellizos, quienes se sentaron en la alfombra con los brazos cruzados, fijos en él, esperando la gran explicación. Sintió que el cuello de la camisa le apretaba. Se aclaró la garganta, aflojándose la corbata con un movimiento torpe.

—A ver... —empezó Dominic, buscando las palabras en el techo—. No, Derek, su mamá no se comió al bebé. Los bebés no se comen.

—¿Entonces cómo entró a la panza? —insistió Doménica, apoyando las manos en sus rodillas, sin apartar sus ojos curiosos.

Cap. 209: El último cabo suelto destruido. 1

Cap. 209: El último cabo suelto destruido. 2

Verify captcha to read the content.VERIFYCAPTCHA_LABEL

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: La amante despreciada del CEO