Dominic llegó al apartamento y miró a Grace pálida, apenas había alcanzado a dar unos bocados en el desayuno antes de que las náuseas del primer trimestre la obligaran a correr directo al baño. Se veía completamente agotada, con los ojos entrecerrados por el cansancio.
—¿Te sientes bien mi amor? —preguntó Dominic alarmado—, estás pálida.
Grace con la mano en el estómago inhaló profundo.
—Tranquilo, esto es normal, es el embarazo, cariño.
—Ve a la cama, mi amor —le susurró Dominic, dándole un beso suave en la sien—. Yo me encargo de los niños y de la cena. Tú solo descansa.
Grace le sonrió con debilidad, asintió y se retiró a la habitación principal, cayendo dormida casi al instante.
Dominic regresó a la sala y se encontró con tres pares de ojos fijos en él. Derek, Doménica y Arthur estaban sentados en la alfombra, esperando instrucciones.
—Bien, equipo —anunció Dominic, arremangándose la camisa formal—. Grace no se siente bien, así que nosotros vamos a preparar la cena hoy. ¿Qué quieren comer?
—¡Pastas con salsa roja! —exclamó Doménica de inmediato.
—¡Sí, espaguetis! —secundaron Derek y Arthur al mismo tiempo.
Dominic asintió con la cabeza, fingiendo una seguridad que no tenía. El poderoso CEO controlaba corporaciones multinacionales, pero su experiencia en la cocina se reducía a encender la cafetera. Llevó a los tres niños a la cocina, colocó su tableta sobre la barra y buscó un tutorial rápido en una plataforma de videos.
—A ver... —dijo Dominic, dándole play al video de un chef italiano—. Necesitamos tomates, harina, agua y carne molida. Vamos a hacer la salsa desde cero.
—¡Yo lavo los tomates! —se ofreció Arthur, arrastrando una silla para alcanzar el fregadero.
—Nosotros mezclamos la harina —pidió Derek, tomando un tazón junto a su hermana.
El tutorial avanzaba a un ritmo que Dominic no lograba seguir. Intentó medir el agua y la harina para la masa, pero Doménica, emocionada, volcó medio paquete de harina de golpe dentro del tazón.



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