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La amante despreciada del CEO romance Capítulo 237

Al detener el auto frente al edificio, Dimitric apagó el motor y se giró para mirarla, conservando esa sonrisa pausada que no había dejado de desarmarla durante toda la mañana. Danna desabrochó su cinturón de seguridad y, tras un instante de duda en el que apretó las manos sobre su regazo, tomó una respiración profunda.

—¿Quieres pasar? —preguntó, intentando que su voz sonara firme.

Dimitric arqueó una ceja, fijando en ella sus ojos grises con una intensidad que le hizo dar un vuelco al corazón.

—¿Estás segura? —inquirió él, con un tono bajo y maduro, dándole la oportunidad de dar marcha atrás.

Danna asintió con lentitud.

—Sí. Vamos.

Subieron en silencio por el ascensor. Al cruzar el umbral del loft, Dimitric se quitó el abrigo con elegancia y echó un vistazo al espacio de líneas limpias y luz cálida.

—Es un lugar muy bonito, Danna. Me gusta. Tiene tu toque.

—Gracias —respondió ella, sintiéndose repentinamente al descubierto—. ¿Quieres agua mineral?

—Por favor.

Danna caminó hacia la barra de la cocina, tratando de controlar la aceleración de su pulso. Se quitó el abrigo, dejándolo sobre un taburete, y lo miró de reojo mientras él avanzaba con pasos lentos y seguros por la estancia.

—Ponte cómodo —le dijo, abriendo el refrigerador para sacar la botella—. Prepararé café...

No alcanzó a dar dos pasos hacia la cafetera. Dimitric fue más rápido. Acortó la distancia en tres zancadas fluidas y le atrapó la muñeca con suavidad pero con una firmeza absoluta.

—Danna... —murmuró.

Antes de que ella pudiera formular una excusa, él tiró del brazo de ella hacia sí, pegándola de golpe a la solidez de su pecho. Con la otra mano, le acunó la nuca, hundiendo sus dedos en su cabello, y le alzó el rostro.

Su boca cayó sobre la de ella sin pedir permiso.

Fue un beso ardiente, maduro y abrumadoramente experimentado. Dimitric no dudó ni un segundo; sus labios exigieron, buscaron y presionaron con un dominio que a Danna le erizó hasta el último poro de la piel. La calidez de su lengua la dejó sin aliento.

Las defensas de Danna se desmoronaron como un castillo de naipes. Toda la cautela, el miedo al pasado y las reglas que le había jurado a Grace se esfumaron en un segundo. Un gemido suave se le ahogó en la garganta y, cediendo a la corriente eléctrica que le recorría las venas, Danna entreabrió los labios y le correspondió el beso con la misma intensidad. Pasó sus brazos alrededor del cuello de Dimitric, aferrándose a la tela suave de su jersey, mientras él la estrechaba más fuerte contra su cuerpo, profundizando el contacto hasta dejarla completamente a su merced.

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