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La amante despreciada del CEO romance Capítulo 24

Grace entró en la sala de juntas de Foster & Scott con el rostro tenso y el paso tan rápido que su asistente apenas podía seguirle el ritmo. Se sentó en la cabecera, golpeando la mesa con las palmas de las manos mientras miraba fijamente al equipo legal que ya la esperaba.

—Quiero garantías —soltó sin preámbulos, con una voz que no admitía réplicas—. Asegúrenme ahora mismo que Dominic Pierce no tiene ningún artilugio legal para tocar mis terrenos. No quiero grietas, no quiero sorpresas. Quiero ese puerto blindado.

El abogado principal, un hombre canoso que había visto nacer la empresa, intercambió una mirada nerviosa con sus colegas antes de ajustar sus anteojos y suspirar.

—Señora Foster, legalmente los terrenos son suyos y están protegidos. Pierce no puede obligarla a vender —empezó a explicar con cautela—. Sin embargo, tenemos un problema mucho más grave que la propiedad de la tierra.

Grace entornó los ojos, sintiendo que la paciencia se le agotaba.

—Hable de una vez —ordenó.

—Usted tiene el suelo, pero Dominic Pierce controla el agua. Pierce Global sigue manteniendo la titularidad de todas las rutas navieras de este puerto. Hemos intentado por todos los medios que las autoridades federales revoquen esos permisos o los transfieran a nuestra división logística, pero no hemos logrado ni una grieta. Él tiene contratos blindados y una red de influencia que no hemos podido romper a pesar de nuestro crecimiento.

Grace soltó una maldición por lo bajo, apretando los dientes con tanta fuerza que le dolió la mandíbula. El recuerdo de la mirada arrogante de Dominic en la última reunión volvió a su mente como una bofetada.

—¿Con quién tengo que hablar? —preguntó ella, inclinándose hacia adelante con una determinación peligrosa—. Díganme quién tiene el poder para quitarle esos permisos federales a Pierce y dármelos a mí. No me importa el costo.

—Señora, no es tan sencillo —respondió el abogado, negando con la cabeza—. No es una cuestión de dinero o de influencias locales. Esos permisos son concesiones federales de larga duración. Para que el gobierno se los quite a Dominic, él tendría que cometer una falta gravísima o renunciar a ellos voluntariamente. Mientras él tenga las rutas, sus terrenos son solo tierra frente al mar; usted no puede mover un solo contenedor sin su autorización. Estamos en un punto muerto técnico.

Grace se reclinó en la silla, sintiendo que el aire de la sala se volvía insuficiente. Se sentía acorralada por el hombre que más odiaba. Él sabía exactamente lo que estaba haciendo: la estaba obligando a necesitarlo, a sentarse con él de nuevo, a reconocer que, aunque ella fuera la dueña de la tierra, él seguía siendo el dueño de su destino comercial.

C24: Guerra empresarial. 1

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