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La amante despreciada del CEO romance Capítulo 242

En ese preciso instante, la puerta del salón se abrió de golpe. Danna entró a la habitación agitada, intentando recuperar el aliento, con las mejillas encendidas y el cabello aun ligeramente húmedo tras la ducha apresurada que tuvo que darse en el loft.

Leonor se giró lentamente a mirarla, cruzándose de brazos con tono socarrón.

—Vaya, niña. Pensé que no llegarías. Veo que te dieron un gran recibimiento.

Danna sintió que el rostro le ardía en un rojo violento.

—Señora... yo...

Leonor soltó una carcajada sonora que resonó en todo el salón.

—Tranquila, a mí no me debes explicaciones —dijo guiñándole un ojo, antes de inclinarse con picardía—. Más bien cuéntame... ¿todavía sirve?

Danna enrojeció aún más, completamente desarmada y sin saber dónde meter la cabeza.

—¡Suegra, por favor! —intervino Grace llevándose las manos a la cabeza—. Si Dominic la escucha, se va a infartar.

Leonor volvió a carcajearse, haciendo un gesto despectivo pero divertido con la mano.

—Estoy jugando, no me interesan los pormenores. Y menos saber si mi ex sigue siendo un semental.

Danna tomó aire y recordó sus noches ardientes con Dimitric.

«Es todo un semental»

Aún con las mejillas ardiendo por la desfachatez de la condesa, atinó a saludar a Grace con un gesto rápido y escapó detrás del biombo para ponerse el vestido de dama.

A los pocos minutos reapareció, luciendo el mismo modelo que compartía con sus amigas: un diseño corte sirena en tono azul claro que se entallaba a sus curvas con una perfección deslumbrante, dejando al descubierto sus hombros. La prenda resaltaba su talle con absoluta elegancia, haciéndola lucir espectacular.

En ese instante, el empleado de la casa volvió apresurado sosteniendo una pequeña bolsa de farmacia.

Leonor tomó el empaque, sacó varias pruebas de distintas marcas y se las tendió a Sarah.

—Aquí tienes varias —le dijo con una sonrisa triunfal—. Ve y confirma mis sospechas.

Sarah tomó los test con manos temblorosas y corrió al baño del vestidor.

Mientras esperaban el resultado, Leonor aprovechó para despojarse de su ropa de calle y deslizarse dentro de su propio vestido de novia. Tratándose de su tercer matrimonio, la condesa había optado por la sobriedad y la distinción: un diseño entallado de líneas limpias en tono beige satinado, con mangas largas de encaje sutil y una caída impecable que realzaba su porte aristocrático.

—¿Y bien? ¿Cómo me veo? —preguntó Leonor, girándose frente al espejo de tres cuerpos para ajustar el cuello del traje.

—Increíble, suegra —respondió Grace con admiración—. Nikolai va a quedar completamente impresionado cuando te vea caminar hacia él.

—Es deslumbrante, señora Leonor. Elegante y perfecta para la ocasión —coincidió Danna, sonriendo al ver la faceta más suave de la mujer.

La puerta del baño se abrió despacio. Sarah reapareció en la estancia, caminando con pasos lentos. Tenía los ojos empañados en lágrimas y las pestañas húmedas, pero una luz distinta le iluminaba el rostro.

Grace se alarmó al instante y dio un paso hacia ella.

—Sarah... ¿estás bien?

Sarah asintió en silencio. Extendió las manos temblorosas y mostró las tres pruebas de embarazo que sostenía: en todas se marcaban dos líneas rojas impecables y nítidas.

—Arthur va a tener un hermanito... —susurró con la voz quebrada por la emoción—. Y Maxwell y yo seremos padres de nuevo.

Grace soltó un ahogo de alegría, dio un paso al frente y la envolvió en un abrazo cálido y apretado. Sarah apoyó el rostro en el hombro de su amiga, dejando fluir las lágrimas que intentaba contener.

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