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La amante despreciada del CEO romance Capítulo 33

Grace cruzó el umbral de su casa a las once y media de la noche, sintiendo como si llevara el peso del mundo sobre los hombros. Todo estaba en silencio y en penumbra, a excepción de una luz amarillenta que provenía de la sala. Al entrar, se detuvo en seco al ver el comedor. La mesa de madera noble, donde solían cenar en familia, había desaparecido bajo montañas de carpetas, documentos y un computadora portátil.

Maxwell estaba sentado allí, con la camisa remangada y el rostro marcado por el cansancio. Al verla, se puso de pie lentamente y una pequeña sonrisa, mezcla de alivio y admiración, apareció en sus labios.

—Felicidades —dijo él, caminando hacia ella—. Lo lograste, Grace.

Grace dejó caer su bolso al suelo, parpadeando con incredulidad. Tenía los ojos hinchados y la mente nublada por el encuentro con Dominic.

—¿Qué logré? —preguntó con voz ronca, sintiéndose completamente aturdida—. No logré nada, Maxwell. Me vine de Nueva York con las manos vacías.

—Dominic Pierce liberó nuestros barcos —soltó Maxwell, tomándola por los hombros.

Grace se quedó sin aliento. El corazón le dio un vuelco violento.

—¿Qué? —susurró, sintiendo que las piernas le flaqueaban.

—Sí. Hace como tres horas recibimos la notificación oficial. Las "fallas técnicas" desaparecieron de repente. Imagino que estabas volando y por eso no te enteraste por el capitán, pero la flota ya está atracando.

Grace se hundió en una silla del comedor, mirando los documentos esparcidos por la mesa. No podía entenderlo. Después de la bofetada, de los insultos y del odio que se lanzaron en el elevador, él había liberado los barcos. Pero la expresión de Maxwell cambió rápidamente de la alegría a una seriedad preocupante. Regresó a la mesa y señaló los gráficos que tenía abiertos.

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