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La amante despreciada del CEO romance Capítulo 36

Grace llegó a su oficina con el cansancio marcándole las facciones. Se dejó caer en su silla, mirando el ventanal que daba a la bahía de San Francisco, intentando alejar de su mente la imagen de Dominic. La puerta se abrió de golpe y Danna su mejor amiga, la vicepresidenta de operaciones, entró con paso firme. Acababa de aterrizar tras varios días fuera.

—No puedo creer que ese imbécil nos haya causado tantas pérdidas por un capricho —soltó Danna, lanzando su tableta sobre el escritorio de Grace—. Las multas por el retraso y la cancelación de los contratos médicos nos han dejado un agujero enorme.

Grace suspiró, frotándose las sienes.

—Dominic siempre sabe cómo lastimarme, Danna. Me conoce demasiado bien y sabe dónde golpear para que duela.

Danna se sentó frente a ella, suavizando el tono de voz. Estudió el rostro de su amiga, notando el rastro de las noches en vela.

—¿Qué sentiste cuando lo volviste a ver? —preguntó con cautela.

—Rabia. Odio. Desprecio —respondió Grace de inmediato, aunque su voz flaqueó un poco—. Sigue siendo el mismo egoísta impositivo. Lo vi con su hijo, Danna... Lo abraza con un amor que les negó a los míos. Eso es lo que más me duele. No por mí, yo ya aprendí a vivir con su ausencia, sino por mis pequeños. Ellos no tienen la culpa de sus rencores.

Grace no pudo aguantar más y las lágrimas empezaron a correr por sus mejillas. Se cubrió la cara con las manos, sintiendo el peso de los secretos y la injusticia de la situación. Danna se rodeó el escritorio y la abrazó con fuerza, dejando que se desahogara.

—Tranquila —le susurró Danna—. Tienes a Maxwell, tienes a tus hijos y tienes una empresa que rescatar. No dejes que él te vea caer.

—Estamos en números rojos —sollozó Grace, limpiándose el rostro con un pañuelo—. No sé si podré remontar esto sin ceder a sus condiciones.

—Has salido de peores, Grace —insistió Danna, mirándola fijamente a los ojos—. Demuéstrale a ese egocéntrico que no puede destruirte. Eres más fuerte de lo que él cree.

Danna guardó silencio un momento, observando la reacción de Grace. Se quedó pensativa antes de soltar la pregunta que Grace más temía.

—¿Aún sientes algo por él?

Grace se quedó rígida. No respondió de inmediato. Su mente recordó el beso en el ascensor y luego sacudió la cabeza.

—Lo odio —dijo finalmente, con una dureza que sonaba más a un escudo que a una realidad.

—Espero que eso sea lo que te diga el corazón realmente —replicó Danna con escepticismo—. Porque el odio y el amor están demasiado cerca cuando se trata de él.

Justo cuando Grace abría los labios para defenderse, su teléfono personal comenzó a sonar con insistencia. Era el número de la escuela. Grace contestó de inmediato, sintiendo un vuelco en el corazón.

—¿Diga? Sí, soy yo... ¿Qué pasó? —La expresión de Grace cambió de la tristeza a la alarma—. ¿Se peleó con otro niño? Voy para allá de inmediato.

Colgó el teléfono y se puso de pie, recogiendo sus cosas a toda prisa.

—Derek se peleó con un compañero —le explicó a Danna, que ya le estaba abriendo la puerta—. Tengo que irme. Mi hijo nunca ha sido violento, no entiendo qué pudo pasar.

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