Entrar Via

La amante despreciada del CEO romance Capítulo 42

Mientras tanto, en el otro extremo de la pista, Sarah intentaba buscar una grieta en la armadura de Maxwell.

—¿Aún recuerdas la canción del aquel evento dónde nos conocimos? A veces pienso en lo que dejamos atrás.

Maxwell la miró como si fuera un insecto molesto. No redujo la distancia entre sus cuerpos ni por un milímetro.

—Lo único que dejamos atrás fue mi tiempo perdido contigo, Sarah —respondió él con una sonrisa sarcástica—. No te gastes. Mirarte ahora solo me confirma que tomé la mejor decisión de mi vida al elegir a una mujer de verdad como Grace.

La dejó sola en medio de la pista. Sarah se quedó paralizada, con el rostro encendido de humillación, mientras veía a Maxwell desaparecer tras uno de los pasillos.

****

Grace caminaba por el sendero de piedra, intentando que el aire fresco borrara de su cuerpo el calor de las manos de Dominic en su piel. Se detuvo junto a una fuente, apretando los puños, cuando el sonido de unos pasos firmes sobre la grava la hizo girarse con brusquedad. Esperaba ver a Maxwell, pero la figura que emergió de la penumbra, recortada por las luces del salón, era la de Dominic.

—¿Qué quieres? —soltó Grace con una voz autoritaria—. ¿No entiendes que no deseo verte?

Dominic no se detuvo hasta quedar a pocos pasos de ella. La luz de la luna acentuaba las líneas de tensión en su rostro.

—Pues yo sí —respondió él, con una voz ronca que vibraba con una intensidad contenida—. He esperado años por este encuentro, Grace. Y fuiste tú la que llegó a mí, la que se cruzó en mi camino de nuevo. ¿Con qué propósito? ¿Destruirme? ¿Por qué, Grace? Yo siempre fui claro contigo sobre quién era y lo que se esperaba de mí.

Grace sintió que la rabia le quemaba el pecho. Decidió encararlo, acortando la distancia con un gesto desafiante.

—¡Claro! Fuiste clarísimo —escupió ella, con los ojos brillando de furia—. Yo era un objeto más, un pasatiempo para el importante CEO. Y cuando te cansaste de jugar, simplemente me desechaste. Sí, siempre tuve muy claro eso, Dominic Pierce. Jamás olvidé mi lugar en tu lista de prioridades.

Dominic guardó silencio un segundo. Sus hombros cayeron ligeramente y su mirada, siempre gélida y analítica, se quebró. Dio un paso más, acercándose a ella, y cuando habló, su voz ya no tenía rastro de la soberbia empresarial. Era la voz de un hombre derrotado por sus propios errores.

—En ese entonces... pensé que estaba haciendo lo correcto —confesó Dominic, y el dolor en sus palabras fue tan real que Grace tuvo que contener el aliento—. Me convencí de que el deber y el apellido lo eran todo. Pero me equivoqué. Me di cuenta demasiado tarde de que, por cumplir con mi familia y con lo que el mundo esperaba de mí, perdí lo único que realmente importaba. Te perdí a ti, Grace.

La miró con una mezcla de arrepentimiento y una súplica silenciosa. El hombre implacable que acababa de firmar una sociedad millonaria se había esfumado; en su lugar, solo quedaba alguien que cargaba con el peso de años de ausencia y un vacío que ninguna fortuna había logrado llenar. Grace sintió el impacto de esa confesión en lo más profundo, una grieta en su armadura que no esperaba que él pudiera abrir. Pero ya la había engañado una vez y no iba a volver a caer.

Nuestro precio es solo 1/4 del de otros proveedores

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: La amante despreciada del CEO