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La amante despreciada del CEO romance Capítulo 53

Maxwell se sentó pesadamente en el sofá, presionando el inhalador mientras su respiración se normalizaba. Miró a Grace, quien estaba a su lado.

—¿Qué enfermedad tiene el hijo de Dominic? —preguntó Maxwell con la voz todavía algo ronca—. Si los niños dicen que está en un hospital... debe ser algo serio.

Grace se giró despacio, tratando de borrar cualquier rastro de preocupación de su rostro para no alarmar a los pequeños. No quería admitir, ni ante Maxwell ni ante ella misma, que la imagen de Dominic la había dejado perturbada.

—No lo sé —respondió en un susurro, manteniendo un tono neutro—. No dijo nada específico, solo que estaba hospitalizado.

Se cruzó de brazos, sintiendo un escalofrío. En su mente se repetía la imagen de los ojos inyectados de dolor de Dominic y ese tono de voz quebrado, despojado de toda la arrogancia que ella tanto detestaba. Había sentido su dolor a través de la pantalla.

—Se veía... mal —añadió Grace, bajando aún más la voz para que sus hijos no la escucharan—. Pero no es nuestro problema, Maxwell. Seguramente es alguna infección que les da a los niños y pues los padres nos alarmamos.

Maxwell asintió.

—Bueno esperemos que no sea nada grave, porque mañana mismo empieza nuestro plan.

Grace apretó los labios. No podía permitirse sentir lástima por él. No después de que la hubiera despreciado hace seis años, ni después de haber dejado a sus hijos esperando una llamada durante toda una semana.

—No debe importarnos, Maxwell —sentenció Grace en un tono bajo pero firme—.Tenemos que seguir con nuestra vida, como siempre.

****

A la mañana siguiente, el médico entró al consultorio con una carpeta en la mano. Se sentó frente a Dominic y Sarah sin dar rodeos.

—Hemos revisado los perfiles genéticos de ambos —anunció el médico, mirando a los dos—. Ninguno es compatible para el trasplante de médula.

Dominic se puso de pie con brusquedad y tiró la silla al suelo.

—¡Eso es imposible! —gritó con desesperación—. Es mi hijo, doctor. Tiene que haber un error. Repita las pruebas, use mi cuerpo o lo que sea necesario, pero no me diga que no puedo salvarlo.

—Señor Pierce, la compatibilidad HLA es exacta. Ni usted ni la señora Pierce tienen los marcadores necesarios —explicó el médico con voz directa—. Arthur está muy grave. El tratamiento no funciona y, si no conseguimos un donante compatible pronto, el niño va a morir.

Sarah soltó un sollozo fuerte. Se tapó la boca con las manos y se hundió en la silla mientras las lágrimas le empapaban el rostro. La noticia la dejó en estado de shock. Dominic se desplomó de nuevo, ocultó el rostro entre sus manos y lloró con intensidad. Estaba impotente al saber que su hijo podía morir y él no podía hacer nada.

De pronto, Sarah se puso de pie. Se limpió las lágrimas con rapidez, tenía los ojos rojos y una expresión de decisión que asustó a Dominic.

—Grace, es una tragedia. El niño está muy mal, padece leucemia. Dominic no ha pisado la oficina en toda la semana; prácticamente vive en el hospital. Dicen que el tratamiento no está funcionando y que la situación es crítica.

Grace sintió una punzada en el corazón.

—¡Dios mío! —exclamó y recordó el rostro frágil del pequeño.

Colgó el teléfono agradeciendo brevemente, entonces todo cobró sentido: el silencio, el aspecto demacrado de Dominic, su desesperación. Sin perder un segundo, condujo a toda prisa hacia la empresa.

Minutos después entró a la oficina, con la respiración entrecortada. Maxwell estaba sentado tras su escritorio, revisando los últimos detalles de su estrategia de ataque.

—¡Maxwell! —exclamó ella, acercándose a la mesa—. No hagas nada en contra de Dominic. Por favor, detén la impugnación de los puertos, detén todo ahora mismo.

Maxwell levantó la vista, sorprendido por la urgencia y el cambio radical de Grace. Sacudió la cabeza lentamente, señalando los documentos ya procesados.

—Es demasiado tarde, Grace. Ya hice las llamadas —respondió Maxwell con un tono sombrío—. Los documentos legales para impugnar la renovación de las licencias ya fueron presentados. No hay marcha atrás en el proceso ante el consejo.

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