Maxwell se soltó del agarre de Sarah con un movimiento violento y retrocedió. Su rostro mostró una furia pura, las venas de su cuello se marcaron y miró a Sarah con un odio que hizo que los abogados presentes se sintieran intimidados.
—¡Lárguense todos de aquí! ¡Ahora mismo! —gritó Maxwell, sin apartar la vista de Sarah.
Grace hizo una señal rápida a los asesores legales, quienes salieron de la sala de juntas de inmediato. En cuanto la puerta se cerró, Maxwell se acercó a Sarah, que seguía de rodillas, la tomó de los hombros con fuerza y la sacudió.
—¡Eres una mentirosa! —le gritó en la cara con mucha rabia—. ¡Eres una manipuladora! ¿Crees que puedes venir aquí, después de seis años de haberme dejado por irte con Dominic Pierce, a decirme esto? ¡Dime la verdad! ¡Dime que esto es una estrategia de Dominic para que detenga la impugnación de los puertos!
—¡Maxwell, por favor! —suplicó Sarah mientras lloraba, tratando de sostenerse ante las sacudidas—. No miento... Arthur se muere.
—¡Mientes! —volvió a gritar él—. ¡Me usaste una vez y no vas a volver a hacerlo! Arthur es el hijo de Pierce. ¡No uses la vida de un niño para salvar tu posición social!
Grace dio un paso al frente y puso una mano firme sobre el brazo de Maxwell para separarlo de la mujer.
—¡Maxwell, basta! ¡Cálmate! —le ordenó Grace—. Mira cómo está esta mujer. Nadie tiene esa cara si está fingiendo. Mírala, está deshecha. No puede estar mintiendo con algo así.
Maxwell soltó a Sarah con un empujón que la dejó casi tendida en la alfombra. Él caminaba de un lado a otro por la sala y respiraba con dificultad.
Sarah hizo un esfuerzo y, con las manos temblando, sacó una fotografía arrugada de su bolso. La puso sobre la mesa de juntas y la empujó hacia él.
—Esa es la prueba de que no miento —dijo Sarah con voz quebrada—. Míralo, Maxwell. Míralo a los ojos y dime que no es tuyo.
Maxwell se detuvo. Miró la fotografía. En la imagen, Arthur aparecía sonriendo, sin la máscara y con el cabello revuelto. El parecido era evidente en la forma de la mandíbula y en los ojos. Maxwell sintió un impacto fuerte al verla.
Grace caminó hacia la salida.
—Yo los dejo solos —murmuró.
—No. Tú te quedas, Grace —sentenció Maxwell con voz cortante—. Lo que esta mujer tenga que decir, debe decirlo frente a ti. Nunca ha habido secretos entre nosotros.
Sarah se apoyó en el borde de la mesa y miró a Maxwell con los ojos hinchados.
—Luego que terminamos... me di cuenta de que estaba embarazada —confesó Sarah—. Mi compromiso con Dominic ya se había anunciado. Estaba atrapada. Mi padre jamás habría permitido que tuviera un hijo tuyo. Me habría obligado a abortar para no arruinar la alianza con los Pierce.

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