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La amante despreciada del CEO romance Capítulo 61

Mientras Maxwell permanecía dentro de la habitación, Dominic se acercó lentamente a donde estaban sus hijos. Derek y Doménica estaban casi dormidos en el sofá de la sala de espera, con las cabezas apoyadas el uno en el otro.

Grace se puso de pie.

—Ya nos vamos al hotel, Dominic —dijo ella en voz baja—. Los niños están cansados.

Dominic bajó la mirada hacia los pequeños y sintió una opresión en el pecho. Se inclinó y les acarició el cabello con suavidad.

—Descansen, pequeños —susurró con ternura—. Espero verlos mañana, pero fuera de este lugar. Los niños jamás deberían estar en un hospital.

Doménica abrió un poco los ojos, todavía adormilada, y lo miró con curiosidad.

—¿Arthur se pondrá bien? —preguntó la niña con voz suave.

—Sí, va a sanar —respondió Dominic con una firmeza que intentaba convencerse a sí mismo—. Es muy fuerte.

Derek también se despertó un poco y estiró su mano para tocar el brazo de Dominic.

—Señor Pierce, ya no esté triste —dijo el niño con una sinceridad que desarmó a Dominic.

Él forzó una sonrisa leve, sintiendo que la presencia de esos niños era lo único que lo mantenía en pie.

—Gracias por estar aquí. Ustedes hacen que todo esto sea menos difícil —les dijo con la voz un poco cortada.

Dominic se puso de pie y miró a Grace a los ojos. Después del beso, había una tregua silenciosa entre ellos.

—Gracias por traerlos, Grace. De verdad.

—Debes descansar, Dominic —le sugirió ella, notando su agotamiento—. Te ves muy mal.

—Ya tendré tiempo para eso —respondió él, negando con la cabeza.

En ese momento, la puerta de la habitación se abrió. Sarah salió con el rostro desencajado y buscó a Dominic con la mirada.

—Dominic... —dijo Sarah con urgencia—. Arthur te llama. Está muy alterado y no deja de pedir que vayas con él.

Dominic no lo pensó dos veces.

—Ya voy —expresó. Besó en la frente a los pequeños—. Vayan a descansar. Miró a Grace no dijo nada más caminó hacia la habitación.

La abuela soltó una risa cruel que erizó los vellos de las empleadas que observaban la escena.

—Tú también te vas a quedar sola —dijo la anciana con una maldad pura—. Porque quién sabe si ese niño se salve. La leucemia es una enfermedad agresiva y ese bastardo puede morir en cualquier momento.

El grito que soltó Sarah fue inhumano. Se lanzó hacia la vieja con las uñas por delante, dispuesta a destrozarle el rostro, pero dos empleadas la sujetaron por los brazos, forcejeando para detenerla.

—¡Eres un monstruo! —chillaba Sarah, fuera de sí, mientras trataba de soltarse—. ¡Es un niño! ¡Es el niño que viste crecer! ¡No tienes sentimientos, eres un monstruo sin alma!

Charlotte permaneció inmóvil, mirando con desdén cómo sacaban a Sarah de la mansión junto con sus maletas tiradas en el suelo de mármol.

—Ahora voy a recuperar a mis verdaderos nietos.

Charlotte entró en su despacho privado dentro de la mansión y cerró la puerta con un golpe seco. Sus manos temblaban de rabia por la traición de Sarah y la humillación de ver a Dominic defender a Grace. Se sentó frente a su escritorio y marcó el número de su abogado principal.

—Escúchame bien —dijo Charlotte en cuanto atendieron—. Sarah nos engañó. Arthur no es hijo de Dominic. Quiero que prepares de inmediato la demanda de divorcio. Haz valer cada cláusula del contrato prenupcial; hubo infidelidad y engaño, así que esa mujer se queda sin un solo centavo de nuestra fortuna. Que salga de esta familia con lo mismo que trajo: nada.

Hizo una pausa, respirando con dificultad, y luego continuó con un tono más sombrío.

—Pero hay algo más. Dominic tiene dos hijos biológicos con Grace Scott, su antigua asistente. Quiero a esos niños, Derek y Doménica, en esta casa hoy mismo. Inicia los trámites para quitarle la custodia a esa mujer ahora.

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