El silencio fue absoluto hasta que Grace se puso de pie, con el rostro encendido de indignación.
—¿Qué clase de burla es esta? ¿Cómo se te ocurre, Dominic? ¡Yo no pienso aceptar nada!
—Cuando atacaron mis licencias hace apenas unos días, hice valer una cláusula de protección cruzada —explicó Dominic con voz monótona—. Tus activos en Foster & Scott están ligados legalmente a los míos de forma operativa. Prácticamente somos una sola entidad ahora. Me hicieron un favor; Global Pierce ahora maneja todos los puertos del país gracias a tu estructura, pero yo debo estar con mi hijo. Según la cláusula de emergencia del consejo, el socio con mayor volumen de activos operativos debe asumir el mando en ausencia del titular.
—No lo voy a aceptar. Yo ni siquiera vivo aquí —sentenció Grace.
—O aceptas, o ambas empresas se hunden hoy mismo sin un director general que firme las operaciones portuarias —sentenció él.
Charlotte Pierce estaba lívida.
—¡Yo no acepto esto! Esta mujer es una...
—Es una mujer brillante —la interrumpió Dominic—. Es la CEO de Foster & Scott. En solo seis años ha triplicado su capital y abierto rutas en tres continentes. Es más capaz que cualquiera de los presentes.
Los directivos se miraron entre sí.
—Si usted confía en su capacidad y los números la respaldan, no tenemos objeción —dijo uno de los directores principales.
Dominic se acercó a Grace y le susurró al oído, con una melancolía que ella no esperaba:
—Ya tienes todo lo que querías, Grace. El control, la empresa... y te pongo en bandeja de plata vengarte de la culpable de todo: Charlotte Pierce.
—Pero no vamos a aceptar tu salida total, Dominic —intervino otro director—. Pensamos que ambos pueden hacerse cargo de la empresa como co-CEOs mientras resuelves tus problemas familiares. Los dos han levantado imperios, conocen sus estructuras; deben apoyarse.
Grace negó con la cabeza, sintiéndose atrapada.
—Yo no voy a aceptar esto —dijo con firmeza—. Tengo que consultarlo con mi esposo y mis abogados.
La abuela la miró con un odio renovado. En su mente, se dio cuenta de que Dominic le estaba poniendo en bandeja de plata a ella. Si se quedaba, tendría a la "culpable" de su desgracia justo donde quería para destruirla.
—Yo no lo acepto. ¡Soy la socia mayoritaria! ¡Mi voto es el fundamental! —rebatió con la voz temblorosa.
Dominic soltó un bufido y extendió una carpeta.
—Mi padre me cedió sus acciones. Ya no eres la socia mayoritaria.
—¡Dominic, soy tu abuela!
—Esto es un negocio abuela, tú me enseñaste que cuando se trata de dinero la sangre no importa. Lo sabes bien.
La abuela se quedó sin habla, pálida como una hoja de papel.
Grace miró a Dominic, buscando una salida.

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