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La amante despreciada del CEO romance Capítulo 71

Dominic se inclinó un centímetro más, obligándola a sentir su aliento.

—¿Tanto así me odias, Grace? ¿Tanto, que prefieres borrar mi existencia de sus vidas?

Grace se levantó de golpe, un movimiento brusco que obligó a Dominic a retroceder. La distancia se rompió.

—Sí, es verdad —soltó Grace con la voz vibrando de una rabia contenida—. No quiero que mis hijos lleven tu apellido. No te lo has ganado, Dominic. No estuviste ahí cuando nacieron, ni cuando dieron sus primeros pasos, ni cuando lloraron por primera vez.

—¡Yo no sabía, maldita sea! —rugió Dominic, golpeando el borde del escritorio con el puño—. ¡Mi abuela es la culpable! ¡Debiste buscarme y decirme en mi cara lo del embarazo!

—Pero sí sabías que yo te amaba —le escupió ella, acercándose hasta quedar a centímetros de su rostro—. Sabías que te entregué todo y no te importó. Me echaste de tu vida, te casaste con Sarah sin mirar atrás... y mira lo que ella te hizo. Mira la clase de mujer por la que me cambiaste.

Dominic apretó los dientes, sintiendo el impacto de cada palabra. El dolor y la humillación de la traición de Sarah no era algo que lo atormentara, pero ver a Grace reclamándole el pasado eso sí le dolía.

—Lo sé —admitió él con voz ronca, bajando la guardia por un segundo—. Sé que ese fue mi error, Grace. Cometí el peor error de mi vida y estoy pagando por ello cada maldito día. Pero estoy dispuesto a enmendarlo.

Grace soltó un bufido cargado de sarcasmo y desprecio.

—¿Cómo? ¿Convirtiéndome de nuevo en tu amante? ¿Eso es lo que ofreces?

Grace sintió el calor del pecho de Dominic contra el suyo y ese perfume que conocía de memoria. Por un instante, su respiración se entrecortó y el pulso se le aceleró de forma involuntaria. La cercanía física la confundió, disparando reacciones que creía controladas; era el impacto de volver a estar en sus brazos después de tanto tiempo. Pero de inmediato, el recuerdo de su desprecio la golpeó, devolviéndole la frialdad. El deseo de ceder se convirtió en un nudo de amargura en su garganta.

Se zafó del agarre con un movimiento brusco, recuperando su espacio personal.

—Eso jamás lo vas a volver a tener —le soltó, mirándolo con un desprecio que lo hizo retroceder—. Mi amor por ti murió el mismo día que fuiste a gritar en San Francisco que yo era una zorra delante de todo el mundo. ¿Lo olvidaste? Porque yo no.

Dominic palideció, guardando un silencio tenso. Grace no le dio tiempo a responder; se alisó el vestido y tomó su bolso de encima del escritorio.

—Cada vez que me mires la mano y veas este anillo, recuerda que no es solo un compromiso con Maxwell —añadió volviendo a mostrarle la mano—. Es el recordatorio de que él me recogió cuando tú me dejaste tirada. Ahora, muévete. Tenemos una empresa que manejar y no pienso perder más tiempo hablando de sentimientos que tú mismo destruiste.

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