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La amante despreciada del CEO romance Capítulo 86

A la mañana siguiente, Dominic llegó al piso de oncología con el rostro pálido, ocultando su malestar físico tras una postura rígida. En la sala de espera estaban Sarah y Maxwell; este último se veía tenso, preparándose mentalmente para la intervención.

El hematólogo jefe salió a su encuentro con un semblante serio y varias carpetas en mano.

—Estamos listos para empezar —anunció el médico—. Maxwell, en unos minutos el personal lo llevará a la sala de aféresis para comenzar la recolección de sus células madre. Es un proceso de varias horas. Una vez que tengamos el material, se le infundirá a Arthur de inmediato.

Sarah asintió, apretando las manos con nerviosismo.

—Tras la infusión —continuó el doctor—, el niño entrará en una fase de aislamiento crítico. Un familiar cercano deberá permanecer con él las veinticuatro horas del día, con equipo de protección total, para evitar cualquier bacteria. No podrá salir de esa habitación hasta que los niveles suban.

Dominic dio un paso al frente sin un segundo de duda.

—Yo me quedaré con él —sentenció Dominic con firmeza.

Maxwell apretó los puños y su rostro se encendió de indignación.

—No. Yo quiero estar con él —replicó Maxwell—. Yo soy quien le dará sus células hoy. Es mi lugar estar ahí cuando reciba mi sangre.

Sarah intervino de inmediato, poniéndole una mano en el brazo para frenarlo.

—Maxwell, Arthur apenas te conoce —le recordó ella—. Además, vas a quedar agotado después de la extracción; tu cuerpo necesita recuperarse del proceso. Deja que Dominic esté con él. Él sabe cómo calmarlo cuando despierta asustado.

Maxwell sintió una rabia amarga. Miró a Dominic con desprecio.

—Claro, te estás vengando —soltó Maxwell—. Como tus otros hijos me ven a mí como su padre, quieres marcar territorio con Arthur. Es un movimiento bajo, Pierce.

Dominic se acercó a él, ignorando el leve mareo que le nubló la vista por un instante. Su voz fue un susurro cargado de autoridad.

—No es venganza, Maxwell. Es un derecho que me gané con Arthur durante seis años. Yo lo vi nacer, lo vi crecer. Es mi hijo y voy a cuidarlo —sentenció Dominic.

El médico interrumpió la tensión.

—No hay tiempo para debates. Maxwell, acompáñeme para prepararlo para la vía y la extracción. Vamos a proceder ahora mismo.

En la sala de aféresis, Maxwell ya estaba conectado a la máquina que extraía su sangre para filtrar las células madre. Afuera, en el pasillo Dominic estaba apoyado contra la pared, con la mirada perdida, hasta que Sarah se acercó a él.

—Gracias, Dominic —susurró ella, rompiendo la tensión—. Gracias por decidir quedarte con él en aislamiento. Sé lo que eso implica, no verás el sol en días.

Dominic asintió apenas, sin mirarla. Su mente estaba en el procedimiento que estaba por comenzar.

—Es mi hijo, Sarah. No tienes que agradecer nada —respondió él con voz seca.

Sarah suspiró, jugueteando con sus manos por el nerviosismo.

—Pero el padre biológico apareció —siguió Grace, bajando la mirada—. Dominic está aquí y ahora siento que los niños están confundidos. Tienen sentimientos encontrados; lo llaman "señor", pero los veo reír con él y buscar su aprobación. No sé cómo manejarlo. No quiero que dejen de querer a Maxwell por aceptar a Dominic, pero entiendo que Dominic tiene derecho a acercarse a ellos.

La psicóloga se acomodó en su asiento y respondió con tono calmado pero firme.

—Grace, lo primero que debes entender es que el amor de un niño no es un recurso limitado. Querer a uno no significa restar cariño al otro. Tus hijos no están "traicionando" a Maxwell por disfrutar de la compañía de Dominic; simplemente están expandiendo su círculo afectivo.

—Pero, ¿cómo se los explico? —preguntó Grace con angustia—. Siento que si los empujo hacia Dominic, Maxwell sufrirá, y si los alejo, Dominic va a sufrir y no es justo.

—No se trata de empujar, sino de dar permiso emocional —explicó la especialista—. Los niños son radares emocionales. Si ellos sienten que a ti te tensa que estén con Dominic, se sentirán culpables al disfrutar con él. Tu papel es validar ambos vínculos. Debes decirles que está bien tener dos figuras que los cuiden, que no tienen que elegir bando.

La doctora tomó una nota en su libreta y miró a Grace fijamente.

—Guíalos con la verdad adaptada a su edad. No necesitas darles explicaciones legales o biológicas complejas ahora. Solo permíteles conocer a Dominic bajo tu supervisión y dales la seguridad de que Maxwell no se irá a ninguna parte. La confusión de los niños suele ser un reflejo de la confusión de los adultos. Si tú aceptas la presencia de Dominic con naturalidad, ellos también lo harán.

Grace suspiró, sintiendo que una pequeña parte del peso en su pecho disminuía. Comprendió que su propia indecisión era lo que transmitía esa inseguridad a los pequeños.

—Entonces el objetivo es que Derek y Doménica entiendan que su corazón es lo suficientemente grande para ambos —concluyó Grace con más calma.

—Exactamente —asintió la terapeuta—. Si tú les das esa paz, ellos encontrarán su propio lugar con cada uno.

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