Grace entró en la sala de aféresis y se acercó al sillón donde Maxwell permanecía conectado a la máquina. Él estaba pálido y mantenía los brazos extendidos sobre los apoyos, con las vías canalizadas.
—¿Cómo te sientes? —preguntó Grace con suavidad, sentándose a su lado.
—Cansado —respondió Maxwell con la voz algo ronca—. Siento hormigueo en las manos y los labios, el médico dice que es por el calcio. Es una sensación extraña, como si me estuvieran vaciando.
Grace asintió, observando las bolsas que se llenaban con lentitud.
—Ya hablé con la psicóloga —le comentó ella, buscando un punto de apoyo emocional.
Maxwell tensó la mandíbula de inmediato y su ritmo cardíaco se aceleró en el monitor.
—No quiero a Dominic cerca de mis niños, Grace —soltó él con amargura.
—¿Qué? ¿A qué viene eso ahora?
—Sabe que hoy Dominic me quitó el derecho a encerrarme con mi hijo en el aislamiento —replicó Maxwell, mirándola con resentimiento—. Él se impuso. Debería ser mi lugar, no el suyo.
Grace suspiró.
—Estoy segura de que Dominic no lo hizo con mala intención, Maxwell —explicó ella con paciencia—. Para ese niño él es su papá; lo ha criado seis años. A ti Arthur no te conoce, sería un trauma para él estar encerrado días con un extraño.
Maxwell soltó una risa seca, cargada de sarcasmo.
—¿Te vas a poner a favor de él? ¿Ahora lo defiendes?
—No te alteres, no estoy a favor de nadie —respondió Grace, manteniendo el tono firme—. Simplemente conozco a Dominic. Sé que en este momento solo piensa en la salud de Arthur. Él no es así de retorcido.
—Es peor —sentenció Maxwell, clavándole una mirada gélida—. O ya se te olvidó todo lo que te hizo pasar. Parece que tienes memoria corta, Grace.
Grace se puso de pie, sintiendo que la tensión en esa sala la asfixiaba. No tenía energía para otra pelea sobre el pasado.
—Que descanses, Maxwell. Tengo que ir a la oficina a revisar los pendientes —dijo ella, tomando su bolso—. Espero que todo salga bien con Arthur.
Sin esperar respuesta, Grace salió de la habitación. Maxwell se quedó solo, atrapado en ese sillón por las mangueras que extraían su sangre, viendo cómo ella se alejaba por el pasillo mientras su odio hacia Dominic crecía con cada latido.
En el pasillo Grace se topó de frente con Dominic.
—Buenos días —dijo Dominic con tono neutro.
—Hola, Dominic. Supe que te vas a internar con el niño —respondió Grace, deteniéndose.
—Es mi hijo, Grace. Así no lleve mi sangre, es mi responsabilidad y mi lugar.
Grace asintió, sintiendo una mezcla de respeto y nostalgia que no podía ocultar.
—Espero que todo salga bien con el procedimiento.
—Ya di órdenes a los abogados de anular todo contrato que nos una —soltó Dominic de repente, mirándola fijamente—. Desde hoy eres libre, Grace. Ya puedes volver a San Francisco con los niños y retomar tu vida. —La voz de él sonó a profunda tristeza.
Grace sintió una punzada aguda en el corazón, una sensación de abandono idéntica a la de años atrás. Quiso replicar, pero las palabras se le quedaron atoradas. Dominic se alejó hacia la zona de esterilización y Sarah, que había estado observando, se acercó a ella.
—Sé que me odias y con justa razón —comenzó Sarah—. Les hice daño. Ayudé a Charlotte a separarlos en aquel entonces.
Grace la miró con dureza, apretando los puños.
—¿Y esperas que te perdone por eso ahora, Sarah? Destruyeron lo que teníamos.
—No hay ninguna anulación —sentenció Grace con voz potente, silenciando la sala—. Las cosas siguen exactamente igual. Informen de inmediato que Grace Scott y Dominic Pierce continúan a cargo de las empresas.
Los socios se miraron entre sí, confundidos pero impactados por su determinación.
—No podemos estar en una cuerda floja.
—Entiendo, el señor Pierce tomó esta decisión, pensando que era lo mejor, pero vemos que no, y mi función como CEO es encontrar soluciones, la decisión final la tienen ustedes.
Los hombres empezaron a hablar entre ellos, mientras ella los ignoraba.
—Avisen también que el señor Pierce estará ausente unas semanas por motivos personales estrictamente familiares —continuó ella con frialdad—. Se va a internar en el hospital con su hijo para un procedimiento médico. Comuniquen eso a la prensa para frenar la especulación y pónganse a trabajar ahora mismo.
Dustin se puso de pie, ajustándose el saco con arrogancia mientras se acercaba a ella.
—Vengo a revisar los estados financieros, Grace. Como accionista, tengo derecho —soltó Dustin con veneno.
—Pídelos en contabilidad —respondió Grace, sosteniéndole la mirada con desprecio—. Pero lo harás bajo supervisión. Si mueves una sola cifra o intentas un traspaso ilegal, te juro que ni tu abuela Charlotte te salvará de la prisión. Y ni se te ocurra volver a acercarte a mis niños, Dustin.
Dustin soltó una carcajada seca, tratando de intimidarla.
—Pronto vas a caer, Grace. No tienes a Dominic aquí para defenderte. Estás sola.
Grace se acomodó el cabello, mostrando una seguridad que estremeció a los presentes.
—No lo necesito. Puedo defenderme de las pirañas yo sola. Fuera de aquí.
Dustin apretó los dientes y salió de la sala de juntas, mientras los inversionistas comenzaban a hacer llamadas para estabilizar el mercado. Grace se quedó sola frente al ventanal, respirando agitada, dándose cuenta de que acababa de ya no volvería a San Francisco, se quedaría a pelear junto a Dominic.

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