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La amante despreciada del CEO romance Capítulo 9

Grace golpeó la puerta del despacho de la presidencia con las manos temblorosas. Se pasó los dedos por la falda antes de escuchar la respuesta, intentando controlar la respiración.

—Adelante —respondió la voz grave de Maxwell desde el interior.

Ella abrió y entró, cerrando con cuidado detrás de sí. Durante un segundo dudó, como si no estuviera segura de haber hecho bien en venir.

—Señor… disculpe que lo interrumpa —dijo, con la voz más baja de lo habitual.

Maxwell alzó la vista de los documentos y la observó con atención inmediata. No necesitó preguntarle nada para notar que algo no estaba bien.

—Dime.

Grace avanzó un paso hacia el escritorio, pero se detuvo a mitad del camino. Se llevó una mano al antebrazo, apretándolo sin darse cuenta.

—¿Está seguro de que no van a rastrear la transferencia? —preguntó al fin—. Usted no conoce a la abuela de Dominic… esa mujer no se detiene ante nada.

Maxwell dejó lo que estaba haciendo. Cerró la carpeta y apoyó ambas manos sobre el escritorio, mirándola con firmeza.

—Si decidiste contarme tu historia con Dominic —dijo con calma—, tienes que aprender a confiar en mí. Tranquila. En este momento, tú eres mi mejor aliada. Y yo protejo a quién está de mi lado.

Grace asintió despacio. Levantó la mirada y la sostuvo, aunque el nerviosismo seguía latiéndole en el pecho.

—Entonces necesito saber algo más —añadió—. ¿Por qué lo odia? Si vamos a ser aliados, también necesito conocer su verdad.

Maxwell se incorporó. Se acomodó el cuello de la camisa con un gesto lento, casi contenido, como si ese tema no le resultara indiferente.

—Esa respuesta tiene nombre y apellido —dijo—: Sarah Coleman.

Grace parpadeó, desconcertada. El nombre tardó un segundo en asentarse en su mente.

—¿Qué…? —murmuró, sin ocultar la sorpresa—. ¿Sarah?

Maxwell rodeó el escritorio y se detuvo frente a ella.

—Es una historia larga —respondió—. Siéntate. Te la voy a contar.

****

Dominic quiso suspender el viaje de bodas por el quebranto repentino en la salud de su abuela, pero Charlotte fue inflexible. Insistió en que se fuera, en que no tenía sentido arruinar la luna de miel de Sarah por sus achaques. Le repitió que estaría bien, que no exagerara, que disfrutara su matrimonio.

A regañadientes, Dominic aceptó. Al día siguiente partió rumbo a las islas Maldivas, lejos de la ciudad, de los negocios y de cualquier posibilidad inmediata de investigar por su cuenta.

Enseguida apenas Charlotte supo que su nieto estaba en el avión hizo una llamada.

—¿Están seguros de que no se notará? —preguntó sin rodeos—. Si mi nieto investiga, no debe encontrar nada falso.

Escuchó en silencio.

C9: La propuesta. 1

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