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La amante despreciada del CEO romance Capítulo 99

André se movía en el restaurante francés con la soltura de quien conoce cada rincón del menú. Con un gesto elegante, le recomendó a Grace el Coq au vin (Pollo al vino) y un Soufflé de queso que, según él, era el mejor de la ciudad. Grace, con la mente dividida entre la desconfianza y la necesidad de cerrar el trato, aceptó sus sugerencias sin rechistar.

—Y bien, dime qué empresa es —preguntó Grace, yendo directo al grano mientras el camarero se retiraba con la orden.

—Se trata de Vitalis Pharma —respondió André, recostándose en su silla con una sonrisa profesional—. Es una farmacéutica importante que busca enviar grandes lotes de suministros médicos y reactivos químicos desde San Francisco hasta Shanghái. Necesitan una propuesta detallada con los costos de flete marítimo y seguros de alta prioridad. Quieren exclusividad en la cadena de frío de Global Pierce.

Grace asintió, tomando una nota mental de los requisitos técnicos.

—Es un contrato complejo por la normativa de las farmacéuticas, pero nos interesa. Me encargaré de que el equipo de logística prepare la propuesta hoy mismo —afirmó ella, sintiendo que al menos el almuerzo estaba rindiendo frutos para la empresa.

André la observó en silencio durante unos segundos, dejando que el ambiente se volviera más personal.

—Y dime, Grace... ¿cómo van las cosas entre Dominic y tú? —soltó él con una naturalidad fingida—. ¿Habrá reconciliación?

Grace dejó los cubiertos sobre la mesa y su expresión se endureció de inmediato. La calidez del lugar pareció desvanecerse para ella.

—Te dije que no hablo de mi vida privada, André. Menos en un almuerzo de negocios.

—Entiendo, no te molestes —replicó él, levantando las manos en señal de paz, aunque su mirada decía otra cosa—. Es solo que me enteré por el abogado personal de Dominic que todavía no ha firmado el divorcio con Sarah. Parece que el proceso está detenido. Quizás se arrepintió de separarse de ella después de todo... llevan años juntos, Grace. Tienen un hijo en común. Algo deben sentir el uno por el otro todavía.

Grace sintió una punzada fría en el estómago. Las palabras de André eran como veneno goteando en una herida abierta. La imagen de Dominic y Sarah unidos por Arthur, compartiendo una vida que ella nunca tuvo, la golpeó con fuerza.

—Eso es asunto de ellos —sentenció Grace, poniéndose de pie con una dignidad gélida. No iba a permitir que él viera cuánto le dolía la noticia—. Gracias por la comida y por el contacto de la farmacéutica. Tengo que volver a la oficina.

Sin esperar una respuesta de André, Grace tomó su bolso y salió del restaurante. Necesitaba aire, necesitaba distancia y, sobre todo, necesitaba entender por qué, a pesar de todo, la posibilidad de que Dominic no hubiera soltado a Sarah la hacía sentir como si estuviera perdiendo una guerra que ni siquiera había aceptado pelear.

****

Maxwell condujo a Sarah hasta un exclusivo restaurante de cocina mediterránea de autor, sabía que era uno de sus favoritos, era un lugar con ventanales inmensos que daban a un jardín privado. Se sentaron frente a frente, rodeados de una atmósfera de lujo donde el aroma a hierbas finas y mariscos frescos inundaba el aire, un entorno que en otro tiempo les resultó inalcanzable.

—Disculpa. Lo siento —se apresuró a decir él, levantando las manos en señal de tregua.

—Te dije que podemos ser amigos, pero si vas a empezar a cuestionarme a cada paso, esto no va a funcionar —sentenció Sarah con firmeza.

Maxwell se inclinó hacia adelante, reduciendo la distancia entre ambos sobre la mesa.

—Tienes razón. No va a funcionar porque yo no puedo ser tu amigo, Sarah. Jamás podría serlo.

Ella se estremeció ante la confesión, sintiendo un vuelco en el estómago, pero logró controlarse y endurecer el gesto.

—Es todo lo que puedo ofrecerte ahora. Entonces, ¿para qué me invitaste? ¿Solo para decirme esto?

—Quiero que te hagas cargo de las joyerías —soltó él, cambiando el tono a uno profesional pero intenso—. Quiero que seamos socios. ¿Te gustaría?

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