Los policías se marcharon.
Esperanza, el profesor Chávez y el resto de los miembros del equipo fueron a almorzar, mientras que los representantes de las otras empresas compartían el mismo piso.
La licitación se abriría a las dos de la tarde; todos estaban a la espera.
Sin embargo, más que saber quién se llevaría el proyecto, la mente de los presentes seguía enfocada en el escándalo de Carolina y el director Salinas de Grupo Vértice.
Ya fuera por la filtración de secretos o por la infidelidad matrimonial del director Salinas, el impacto de aquel asunto era descomunal.
Esta vez Grupo Vértice sufriría un duro golpe, y era muy probable que arrastrara a Grupo Figueroa a una crisis.
Ahora todo dependía de cómo Grupo Figueroa decidiera manejar la situación.
Todo este evento les dejó en claro lo implacable que era Benicio; cuando no actuaba, mantenía la calma, pero cuando daba el golpe, aniquilaba a su rival sin piedad.
La mirada con la que todos observaban a Benicio se llenó de un profundo respeto mezclado con temor.
Por donde pasaba Benicio, solo se escuchaba un coro de "Director Córdova" a modo de saludo.
Él caminó con total serenidad, sin dar ninguna respuesta, hasta que vio de reojo a Esperanza sentada entre la multitud y sus pasos se detuvieron un instante.
Simón también siguió su mirada.
La señorita Jara no solo estaba allí, sino que además estaba rodeada de colegas, y a uno de ellos lo había visto en el coctel. Era evidente que la señorita Jara no era una persona ordinaria.
Seguramente el director Córdova ya tenía sus sospechas; de lo contrario, no habría actuado con tanta calma al verla abajo esta mañana ni habría evitado obligarla a subir en el mismo elevador.
—Director Córdova, nuestra mesa para comer está más adelante —intervino Simón para recordárselo. En el fondo, pensó: «Por favor, director Córdova, no se le quede viendo más, no vaya a perjudicar a la mujer que le gusta tal como lo hizo Carolina».
Benicio, por supuesto, entendía la situación. Retiró la mirada y siguió caminando hacia adelante.
En ese instante, Esperanza levantó los ojos, justo a tiempo para ver el perfil de Benicio mientras se volteaba.
Rápidamente.
Ella también apartó la mirada.
De pronto, recibió un mensaje de voz de Rosalía.
—¡Esperanza! ¿Qué andas haciendo? ¿Ya checaste las noticias de hoy? Benicio fue a concursar por el Proyecto Nexo que dirigía el señor Cáceres. Toda mi familia está atenta; ¡hasta yo me puse un poco nerviosa!
—No sé si Benicio vaya a ganar la licitación, pero en la tarde lo sabremos por las noticias, los medios oficiales lo van a cubrir.
Mientras los de afuera seguían esperando, los líderes del instituto ya estaban anunciando a la empresa ganadora.
—Felicidades, Grupo Córdova.
Al resonar esa voz fuerte y clara, las demás empresas soltaron suspiros de decepción, para luego lanzar miradas llenas de envidia hacia Grupo Córdova.
Los empleados del centro de desarrollo de Puerta Norte Tech no pudieron contener los gritos de júbilo. Hasta el siempre sonriente y sereno Simón soltó una enorme carcajada, apretó el puño y dijo con alegría:
—¡Sí! ¡Lo logramos!
La gente de Grupo Córdova y Puerta Norte Tech no ocultaba su felicidad, se levantaron y chocaron los puños llenos de emoción.
El profesor Chávez empezó a aplaudir.
Los aplausos fueron subiendo de tono.
Hasta convertirse en una ovación.
Benicio, el hombre al mando de Grupo Córdova, permaneció sentado con total tranquilidad, envuelto en los vítores y aplausos.
Él asintió apenas y levantó las manos para aplaudir de forma lenta, suave y rítmica, celebrando tanto el triunfo de Grupo Córdova como el propio.

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