Lucía sereno y distinguido.
De reojo, Benicio volvió a fijarse en el asiento de Esperanza. Levantó la vista y miró en diagonal hacia el frente.
Esperanza levantó la cabeza justo en ese instante, y sus miradas se cruzaron suavemente a través de la multitud.
Esperanza curvó los labios en una sonrisa.
«Felicidades».
Benicio alzó un poco las cejas.
«Igualmente».
A las tres en punto se llevaría a cabo la ceremonia de firma allí mismo; el instituto invitó a los representantes de todas las empresas a quedarse como espectadores.
Benicio volteó hacia Simón y le pidió que revisaran la presentación personal y los documentos, repasando el protocolo una vez más para asegurarse de que no hubiera ni el más mínimo error en la firma del contrato. Un solo tropiezo era inaceptable.
Por su parte, el profesor Chávez también estaba atareado checando los contratos y las plumas, a la par que le confirmaba los detalles del evento a Esperanza y a las demás.
—Después de la firma tendrán su ceremonia de premiación. Les van a entregar reconocimientos y sus bonos correspondientes aquí mismo. Es perfecto que los medios estén presentes.
El profesor miró a Esperanza y agregó:
—En la firma del contrato los medios no van a hacer muchas preguntas, pero seguro sí lo harán en la ceremonia de premiación, y hasta podrían tocar temas de tu vida privada. Necesitas prepararte mentalmente, Esperanza. Aunque dudo que se pasen de la raya; responde solo lo que quieras. Ahorita eres casi una heroína nacional, a los medios no les conviene meterse contigo.
Esperanza asintió, apretó los labios y preguntó:
—¿Dónde hay agua?
El profesor Chávez soltó una carcajada:
—¿Nerviosa?
Decir que no lo estaba sería mentir. Esperanza asintió.
Teresa también sonrió; se puso de pie y dijo:
—Ahorita voy por agua para Esperanza.
Esperanza tomó vaso tras vaso, tanta agua bebió que tuvo que ir al baño varias veces.
Benicio lo notó.
—Director Córdova, ¿gusta que demos otra revisada? —le preguntó Simón.
—Voy al baño.
Benicio se levantó y caminó hacia los sanitarios.
Cuando Esperanza salió de los cubículos, se topó con Benicio en el área de lavabos. El hombre estaba inclinado lavándose las manos, pero tenía la vista clavada en el espejo.
A través del reflejo, sus miradas se encontraron.
—Director Córdova. —Esperanza se acercó a su lado, metió las manos bajo la llave y dejó que el agua fría le cayera en las palmas.


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