La ceremonia de la firma concluyó, pero Simón seguía sin asimilar lo que pasaba.
Había deducido que la señorita Jara era miembro del Proyecto Nexo, pero jamás imaginó que fuera la ingeniera en jefe.
Con razón la investigación sobre ella apenas arrojó media página de información y fue imposible indagar más; su identidad era todo un misterio porque el propio Estado la respaldaba.
Siempre pensó que la señorita Jara algún día se convertiría en la esposa del presidente del Grupo Córdova. ¡Quién iba a decir que primero se convertiría en su clienta más importante!
Y no cualquier clienta.
Simón parpadeó un par de veces y tardó un buen rato en reaccionar.
Luego miró al director Córdova, que mantenía una expresión de total tranquilidad.
«Como era de esperarse del jefe», pensó.
En realidad, cuando Benicio escuchó la frase: "Demos la bienvenida a la ingeniera en jefe del Proyecto Nexo, Esperanza", no pudo evitar que la sorpresa se reflejara en sus ojos.
Ya sospechaba un poco sobre la verdadera identidad de Esperanza.
Su expediente clasificado. Su estatus como alumna del señor Cáceres. Su negativa a participar en la licitación del Grupo Córdova. Su nombre como autora de artículos en las revistas científicas más prestigiosas.
Especialmente la noche anterior, cuando estuvieron presentes la profesora Daniela y el profesor Chávez. Incluso Teresa, que había hablado con el señor Yago gracias a la intervención del profesor Chávez, sentía una profunda admiración por Esperanza.
En ese momento confirmó que Esperanza no era una simple estudiante fracasada del señor Cáceres, y mucho menos una empleada ordinaria.
Su posición en el Proyecto Nexo era sumamente importante.
Pero tampoco esperaba que fuera la líder absoluta tras el fallecimiento del señor Cáceres.
Era muy joven, solo tenía veintiocho años, por debajo de la edad promedio de los miembros del equipo.
En ese instante, Esperanza estaba frente a él. Ya no parecía una delicada flor blanca y solitaria, sino un árbol firme y robusto, enraizado con fuerza, lo cual resultaba muchísimo más cautivador.
Ella soltó su mano y él hizo lo mismo.
Ambos volvieron a mirar hacia las cámaras de los medios de comunicación y, junto a los representantes de ambas partes, se tomaron la gran foto oficial del evento.
La noticia, ilustrada con las fotos de ambos firmando los documentos y dándose un apretón de manos, ya había inundado todo Santo Malecón y se estaba extendiendo por el resto del país.
En la residencia de la familia Córdova.
Rosalía y la señora Núñez estaban sentadas en la sala, platicando y comiendo fruta mientras veían las noticias.
Kevin Córdova, el padre de Benicio, estaba de pie a un lado. Su rostro mostraba una expresión seria, pero con un ligero toque de nerviosismo.
Al ver a Benicio en la pantalla, Kevin soltó un suspiro de alivio y una sonrisa de orgullo iluminó su rostro.
La señora Núñez sonrió con ternura.
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