Entrar Via

La Científica que Él Llamó "La Sirvienta" romance Capítulo 6

—Tengo las manos ocupadas —dijo Esperanza, sosteniendo una manzana en una mano y su bolso en la otra. Retrocedió un par de pasos, con una expresión fría y distante.

Valentín sentía cada vez más que Esperanza se salía de su control, y una chispa de molestia se encendió en su pecho.

Pero no era el momento de hacer corajes, después de todo, Caro seguía ahí, y como era asustadiza, no quería alterarla.

—Está bien, yo voy.

—Valentín, te acompaño.

Ambos se fueron.

Esperanza también se marchó, soportando las miradas impacientes de los Salinas.

El viento soplaba frío.

Como si el destino quisiera jugarle una broma de mal gusto, Esperanza se volvió a topar con el par de tortolitos justo en la entrada de su unidad habitacional.

Carolina se giró un poco y miró hacia arriba al alto y apuesto hombre frente a ella.

—Valentín, hoy no hace falta que me acompañes hasta la puerta. Anda, vete ya. Tu mujer parecía molesta esta noche, ve a contentarla.

—Vivimos en la misma residencial, llego rápido —respondió Valentín frunciendo el ceño—. Es muy tarde, no me voy a quedar tranquilo si no te dejo en la puerta de tu casa.

—Valentín, estás casado. Esto no está bien —dijo Carolina, dando un paso atrás a propósito.

Llevaba medio mes de regreso, y Valentín la llevaba y la traía en coche todos los días. Hasta ahora se le ocurría que «no estaba bien». A Esperanza se le revolvió el estómago de solo escucharlos.

Carolina añadió:

—Tu esposa es una buena persona, al menos te atiende muy bien. No como yo, que siempre soy a la que andan cuidando.

—No hay punto de comparación. Ella es solo un ama de casa, no se le puede medir con la misma vara que a ti —replicó Valentín, cuyo tono se volvió irritable al recordar la actitud extraña de Esperanza en los últimos dos días—. No hablemos de ella, te llevo a tu casa.

—De verdad que no es necesario, qué va a pensar tu mujer si se entera —volvió a rechazarlo Carolina con suavidad—. Aunque hay algo que me da mucha curiosidad... llevan cuatro años casados, ¿no tienen hijos?

Esa misma pregunta se la habían hecho a Esperanza alguna vez.

Ella también quería tener un hijo con Valentín.

La señora Tapia siempre decía que, al casarse, tener un marido y luego hijos, por fin tendría un hogar de verdad, uno completamente suyo.

Pero cada vez que tenían intimidad, Valentín siempre frenaba de golpe, poniendo de excusa que tenía que trabajar al día siguiente y que no le gustaban los niños. La había rechazado innumerables veces.

Además, entre su dedicación al proyecto, ocuparse de las necesidades de su marido, atender a sus suegros y resolver los berrinches y problemas que su cuñada causaba cada dos por tres, a Esperanza casi no le quedaba tiempo más que para dormir. Todo eso hizo que ella tampoco tuviera un deseo íntimo muy fuerte.

A veces fantaseaba con vivir una pasión desenfrenada con su marido, como esas parejas de las novelas que se entregan por completo, pero nunca iba en contra de la voluntad de él.

Habiendo crecido huérfana, sentía que, mientras la persona que amaba estuviera a su lado y no la dejara sola, llegar a esa intimidad profunda pasaba a segundo plano.

Si Valentín decía que no, entonces era un no.

Pero ahora se daba cuenta de que lo que Valentín no quería no era un hijo, sino a ella.

—No tenemos hijos —respondió Valentín.

Carolina fingió sorpresa:

—Florencia, quieras o no, es tu cuñada. Si ahorra es por el bien de la familia, no hables así de ella.

Valentín se frotó el puente de la nariz con cansancio. Abrió la boca para decir algo, pero la volvió a cerrar.

No sabía cómo decírselos. El ochenta por ciento de sus ingresos se iba en financiar las investigaciones de Caro.

Pero Caro ya había vuelto y tenía en sus manos un proyecto enorme a nivel nacional, su futuro era brillante. En adelante ya no le faltaría dinero para sus investigaciones, por lo que todo lo que él ganara podría usarlo en sí mismo y en su familia.

Mejor no decirles nada.

No quería que sus padres agarraran ideas malas sobre Caro.

Caro era muy sensible y nunca se metía en problemas con nadie, mucho menos con la gente mayor.

—Papá, mamá, vayan a descansar, yo le contrato una enfermera a Florencia.

—No hace falta, nos quedamos más tranquilos si estamos con ella. Vete ya —le indicó Luisa—. Acuérdate de estar en contacto con Caro. Preocúpate un poquito más por ella, eso solo te va a traer beneficios.

—Ya sé.

Valentín llegó a su casa.

Esperanza acababa de salir de bañarse. Todavía no se había puesto ninguna bata, solo llevaba un camisón de tirantes muy delgado. Su cabello empapado goteaba, mojando la tela en varias partes, que se le pegaba al cuerpo resaltando sus curvas.

Valentín se quedó embobado por un instante.

—Esperanza...

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Científica que Él Llamó "La Sirvienta"