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LA DESECHADA MANDA romance Capítulo 343

Elena trató de buscar otra excusa, pero al ver a su hija adelantarse y ponerse nerviosa, sintió que el mundo se le venía encima.

Todas las miradas se centraron en Alcira.

Roxana explicó con calma:

—Si tus dedos tocaron ese polvo, se teñirán de azul, y el color tardará tres días en desaparecer.

A Alcira le latía el corazón a mil por hora, pero no quería doblegarse ante ella, así que fingió firmeza.

—Hermana, pronto te darás cuenta de que nos acusaste injustamente a mi mamá y a mí, y vas a tener que pedirnos disculpas con tus propias palabras.

Roxana ni se inmutó.

Ricardo, aún atado y con los ojos vendados, gruñía desesperado.

Al final, se ganó un fuerte golpe del guardaespaldas y, con el rostro enrojecido por el dolor, no volvió a hacer un solo ruido.

Los demás miraban fijamente el recipiente con agua, temiendo perderse el más mínimo detalle.

Roxana, en cambio, observaba como una mera espectadora los cambios de color en el rostro de Elena.

Al desviar la mirada, notó que Valeriano también la observaba.

Al cruzar miradas, los labios descoloridos de él se curvaron en una leve y casi imperceptible sonrisa.

Finalmente, Alcira sumergió las manos en el agua.

Yara, temerosa de no ver bien, dio un paso al frente.

Darío observó el agua, luego a Roxana, y una sonrisa se dibujó en sus ojos.

—Darío —susurró Yara, quien no notaba nada raro en el agua, pero vio que su hermano miraba embelesado a Roxana.

Y no solo él, hasta el habitualmente serio y distante Valeriano no le quitaba los ojos de encima.

Los celos comenzaron a devorar a Yara por dentro, como una bestia hambrienta.

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