—El precio inicial del Hongo de Vida Eterna anoche era de cien millones. El joven Valeriano logró que el Centro Phoenix aceptara vendérselo por apenas un millón porque le salvó la vida a todo el personal de la institución y a los invitados presentes. ¿Qué nivel de descaro hay que tener para venir aquí y ofrecer cinco ridículos millones para comprarlo?
La voz de la chica era fría y tajante, pero la evidente defensa en sus palabras logró calmar la furia asesina de Valeriano en un segundo.
Abrió los ojos lentamente, embelesado por el perfil perfecto y decidido de la joven.
Luisa, al ver que Roxana volvía a intervenir para llamarlos descarados en su propia cara, sintió que la sangre le hervía de rabia.
—¡Hermano, escúchala! ¡Esa es la actitud que tu hija recién llegada tiene con su propia tía! Soy una mujer que está al borde de la muerte, y ella me habla sin una pizca de respeto. ¡Lo único que quiere es matarme del coraje aquí mismo!
Roxana era el tesoro intocable de Marina.
Al ver que Luisa y su familia no solo pisoteaban el honor de la familia Soler, sino que además tenían el descaro de atacar a su preciosa hija, Marina estalló.
—¡Luisa Soler, a mí no me parece que la actitud de mi hija tenga absolutamente nada de malo! ¡Me importa un rábano qué clase de teatritos tengan planeados, pero si se atreven a meterse con mi hija, solo tengo una cosa que decirles: ¡Largo de aquí!
Rafael, viendo que su esposa había perdido por completo la paciencia y las formas, la tomó suavemente del brazo y se dirigió a Luisa y Nicanor con una voz sepulcral.
—Nicanor, Luisa, si todavía me consideran su hermano mayor, quiero que salgan de esta habitación inmediatamente. De lo contrario, olvídense de que la familia Soler existe.
—¡Hermano! —Luisa, viendo que a pesar de estar tan enferma su hermano no solo le daba la espalda sino que los amenazaba, mostró una decepción genuina y amarga.
Nicanor, dándose cuenta de que Rafael hablaba en serio y no quería arriesgarlo todo, se apresuró a jalar a Luisa y a Elba para que se levantaran.
—Hermano, cuñada, joven Valeriano, Roxana... Les pido una disculpa. Hoy hemos sido demasiado atrevidos. Les aseguro que hablaré seriamente con Luisa cuando lleguemos a casa. Por favor, hagamos de cuenta que esto nunca pasó. Les pido perdón en nombre de mi esposa.
Si la familia Llorens había llegado a donde estaba, era gracias al respaldo de los Soler. Sus cimientos aún eran frágiles, y Nicanor sabía que no podía darse el lujo de romper esa relación.
Por eso, se inclinó en un ángulo perfecto de noventa grados, mostrando total sumisión.
Pero después del espectáculo que habían montado, esa pequeña muestra de humildad no iba a apagar la ira de la familia Soler.
Una vez que salieron por la puerta, Marina ordenó tajantemente a los guardaespaldas de la entrada:
—¡A partir de ahora mantengan los ojos bien abiertos! ¡Nadie que no sea miembro de la familia Soler puede cruzar esa puerta!

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