Vera Herrera levantó la mirada y, al ver a Roxana Soler en el escenario, su rostro severo se iluminó con una sonrisa llena de orgullo y satisfacción.
—Gisela, mi niña Roxana no es ninguna impostora, ella es M. Y, además, es tu compañera de estudios. ¿No te la pasabas preguntándome cuándo podrías conocerla? Bueno, aquí la tienes.
Gisela sintió como si le hubiera caído un rayo encima. Se quedó paralizada.
¡Roxana no solo era M, sino que también era la compañera que tanto ansiaba conocer!
¡Era imposible!
Su maestra le había dicho que, aunque su compañera tenía un carácter reservado, era de una moral intachable. ¡Pero Roxana ni siquiera soportaba a Yara! Se la pasaba molestándola y quería echarla de la familia Soler.
¿Cómo podía alguien así ser su admirada compañera de estudios?
El resto de los presentes también quedó estupefacto con la revelación.
Todos sabían que Vera Herrera era una eminencia médica a nivel internacional y que solo tenía dos discípulas en todo el mundo.
Una era Gisela, a quien había presentado públicamente.
La otra era la enigmática y brillante Doctora Alma, famosa por sus habilidades médicas casi milagrosas.
Pero nadie, jamás, había mencionado que la Doctora Alma fuera una chica tan joven.
Y mucho menos que se tratara de Roxana Soler.
En un rincón, la señora Silvia presenció toda la escena y le dio una fuerte bofetada a su hijo, Cristián Mota.
—¡Idiota! ¡Mira lo que te has perdido! ¡Dejaste ir un tesoro invaluable por elegir a esa inútil de Alcira Maldonado!
Cristián también estaba en estado de shock. Cuando estaba con Roxana, siempre pensó que era una chica ordinaria, aunque siempre parecía estar muy ocupada.
Hasta para salir a cenar con ella tenía que hacer cita con una semana de anticipación.
Él creía que solo se hacía la importante, pero ahora se daba cuenta de que todo era real.
Cuando descubrió que Roxana era el genio musical, solo sintió un poco de lástima, pero pudo aceptarlo.
Sin embargo, enterarse de que no solo era un genio musical, sino también la fundadora de Maison Milán, e incluso la discípula de la legendaria Maestra Vera... eso era demasiado.
¡Eran tres cartas de triunfo absolutas!
¡Se arrepentía tanto que sentía que las entrañas se le retorcían!

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