—¡Yara! ¿Por qué me haces esto? ¡Sabías lo importante que era este concurso para mí! ¿Por qué destruiste mis esperanzas a propósito?
Brenda bajó corriendo del escenario, agarró a Yara por la ropa y la levantó de un tirón.
Yara, con el tobillo realmente torcido, apenas podía mantenerse en pie. Apoyándose en las manos de Brenda, explicó con voz suave:
—Brenda, no te alteres. Te lo puedo explicar.
Brenda soltó una carcajada amarga.
—No me digas que vas a salir con que el video no prueba nada, o que tal vez alguien saboteó las joyas antes de entregártelas.
El rostro de Yara palideció. ¡Había adivinado!
Al ver su expresión, Brenda supo que tenía razón. Sintió una punzada de dolor y rabia.
—¡Yara Soler, confié tanto en ti! ¡Puse mis últimas esperanzas en tus manos porque de verdad te consideraba mi amiga! ¡Y tú me traicionas! ¡Eres demasiado egoísta!
Su voz se llenó de indignación. Al final, no pudo contenerse y le dio una fuerte bofetada a Yara.
Yara perdió el equilibrio y cayó de bruces al suelo. Se cubrió el rostro, atónita. ¡No podía creer que su perrito faldero se atreviera a golpearla!
—Compañera Brenda, si hay un problema lo resolvemos, pero ¡no tienes por qué usar la violencia! —Darío Soler intervino. Aunque estaba molesto por las tácticas de Yara, no podía quedarse de brazos cruzados viéndola ser golpeada frente a él.
—Darío... —murmuró Yara, haciéndose la víctima al ver que él salía en su defensa.
Brenda soltó una risa fría al ver que Darío la ayudaba a levantarse.
—¿Habrá algo más detrás de todo esto que no sabemos?
Brenda no esperaba que Yara siguiera mintiendo con tanto descaro. Furiosa, intentó abalanzarse sobre ella de nuevo, pero Gisela la empujó con fuerza.
—¡Brenda! Dices que considerabas a Yara tu amiga, pero bien que te has aprovechado de ella todos estos años. Si de verdad te sentías mal hoy, había un montón de modelos profesionales aquí y la directora Paula Rossi también estaba presente. Con solo explicar la situación, alguien te habría ayudado. Pero no, la elegiste a ella. ¿Acaso no querías aprovecharte de su estatus en la familia Soler para conseguir votos? Y ahora que las cosas salen mal, en lugar de preocuparte por su lesión, ¡la golpeas! ¡No tienes vergüenza!
—¡Mentira! —El rostro de Brenda se descompuso al ver sus intenciones expuestas frente a todos—. ¡Eso no es verdad! Acudí a ella porque fue una emergencia y fue la primera persona en la que pensé.
—Si fue así, ¿cómo explicas ese supuesto malestar repentino? —atacó Gisela, implacable.
—Yo... fue por los nervios.

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