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LA DESECHADA MANDA romance Capítulo 401

¿Qué les pasa? —Roxana Soler los miró, desconcertada al ver a sus padres tan impactados.

«¿Acaso este compromiso matrimonial es falso?»

Rafael Soler fue el primero en reaccionar. Con una sonrisa cálida, se apresuró a explicar:

—Fue una idea que tuvieron las dos familias en la época de tu abuelo, pero al final la decisión es tuya. Tu madre y yo no te obligaremos a hacer absolutamente nada que no quieras.

Marina Montes de Soler, temiendo que su hija de repente quisiera casarse, también intervino rápidamente:

—Exacto, este compromiso matrimonial era solo una expectativa de los mayores. Si no quieres casarte, jamás te presionaremos, así que no sientas ninguna carga. Además, acabas de regresar a casa, no soportaríamos que te fueras tan pronto.

Al decir esto, se le enrojecieron los ojos, abrumada por la idea de separarse de ella.

Roxana no se esperaba que su madre biológica, quien lucía tan elegante y sofisticada, tuviera esa faceta tan sentimental. De inmediato le respondió:

—Solo preguntaba por curiosidad, no insinuaba nada más. Aún soy estudiante, pensar en matrimonio ahora no es apropiado.

Al escuchar que no tenía intención de casarse, los rostros de Rafael y Marina se iluminaron de alegría.

—¡Tienes toda la razón, aún eres muy joven! ¡Ni siquiera te hemos organizado la Gala de Presentación! ¡Es muy pronto para bodas!

—Así es. Tu padre y yo nos conocimos cuando éramos más grandes. Con lo excepcional que eres, no solo el matrimonio, incluso para tener un novio debes elegir con muchísimo cuidado.

Roxana los escuchaba y cada vez le parecía más extraño todo. Le lanzó una mirada llena de dudas a Darío Soler.

Darío, por supuesto, sabía exactamente lo que pasaba. Pero al ver la expresión inocente de su hermana, que aún no entendía nada de romance, optó por cerrar la boca.

Se encogió de hombros, fingiendo ignorancia.

Como ya era tarde, Roxana se dispuso a irse. Rafael y Marina querían acompañarla, pero ella se negó amablemente.

Sin embargo, al no quedarse tranquilos, le insistieron en que se llevara el auto de Darío.

Casualmente, el vehículo de su hermano era un sedán que por fuera se veía modesto, pero que en realidad estaba modificado profesionalmente desde la carrocería hasta el interior.

Roxana no se negó más. Fue directo al estacionamiento por el auto, con la intención de regresar sola a la Universidad del Sur.

Apenas se acercó al vehículo, sintió que alguien la seguía.

No percibió ninguna mala intención. Los pasos detrás de ella eran cautelosos, como si la persona estuviera dudando, yendo y viniendo constantemente.

Con las llaves en la mano, se giró hacia la única columna de concreto donde alguien podría esconderse.

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