Cassian se apoyó contra el respaldo de la silla con una copa en la mano, la corbata aflojada y una sonrisa que ya no parecía de protocolo. Era otra cosa. Algo raro de ver. Algo que hizo que Juliette me diera un codazo disimulado.
—¿Ese es tu novio? —murmuró, divertida.
—Lo estoy empezando a sospechar —le respondí en voz baja, justo antes de que él se riera por algo que dijo Alex.
Sí, reírse. Cassian. En público. Como si no fuera el mismo que había fulminado con la mirada a media junta el martes pasado.
Alana lo observaba con una mezcla de incredulidad y fascinación. Tenía el vaso en alto, apoyado en el mentón, como si tratara de descifrar un enigma, como si algo hubiera cambiado dentro de ella. Como si acabara de ver por primera vez a la persona detrás del cargo.
—¿Sabes? —dijo, inclinándose un poco hacia él—. Creo que voy a dejar de preguntarme cómo una chica como Olivia está contigo.
Cassian alzó las cejas.
—¿Recién ahora?
—Recién ahora —asintió ella, sonriendo—. Resulta que no eres tan malo en el fondo. Solo necesitas media botella de vino y que nadie mencione informes trimestrales.
Él fingió indignación.
—Esa fue una calumnia.
—Fue un halago, Cassian. Disfrútalo. No suelo darlos.
Él le hizo un gesto teatral con la copa, como si brindara por su generosidad. Y el grupo siguió charlando, como si esto fuera lo más normal del mundo. Como si no fuéramos un jefe, una novia, dos colegas y una socia. Como si, por una noche, todo eso quedara fuera del bar.
Vi a Cassian reír con Alex por una anécdota del ascensor descompuesto. Vi a Juliette chocar su copa con la de él. Y vi, sobre todo, la mirada con la que a veces me encontraba cuando creía que nadie lo notaba.
Una mirada que no tenía nada de casual.
Una que decía: a mí también me cuesta entender cómo terminé aquí… pero no cambiaría ni un segundo.
Y por primera vez en mucho tiempo, no sentí que tenía que explicar nada.
—¿Y cómo se conocieron ustedes dos? —preguntó Juliette, como al pasar, mientras servía un poco más de vino en su copa.
La conversación se detuvo. Literalmente. Como si alguien hubiera apagado la música invisible que nos rodeaba. Todos nos miraron. Yo lo miré a él. Y él me miró a mí.
Por un segundo, pensé que se haría el desentendido. Que se limitaría a decir algo vago, como “en un restaurante”. Pero no. Cassian dejó su copa sobre la mesa con cuidado, como si se preparara para algo importante, y se acomodó en su silla. Sus ojos seguían fijos en mí.
—La vi en un restaurante —empezó, con esa voz grave y baja que siempre usaba cuando hablaba en serio—. Estaba sola. No parecía estar esperando a nadie. Tenía un gesto... difícil de descifrar. No parecía triste, pero tampoco contenta. Solo... completamente en otro mundo.
Juliette ladeó la cabeza, curiosa. Alana y Alex ya no se movían.
—Había algo en la forma en que miraba la ventana —continuó él—. Como si estuviera viendo otra vida. Una donde todo era distinto. Me quedé observándola desde mi mesa por un buen rato. Pensando que nunca en mi vida había visto a alguien tan... desubicadamente tranquila. Como si todo le doliera un poco, pero aun así hubiera elegido estar ahí.
Mi corazón latía con fuerza. Recordaba esa noche. Había sido en mi aniversario con Günter. Yo no quería estar sola.
—Me acerqué. Le pregunté si estaba bien, y le dije que si necesitaba compañía yo estaba ahí. Fui por todas —dijo orgulloso. No hablamos demasiado. Ella no parecía muy dispuesta. Pero la hice reír con mis tonterías
Juliette rompió el silencio con una sonrisa cálida.
—No sé qué me sorprende más: que hayas dicho todo eso o que te hayas enamorado en un restaurante.
—No me enamoré en un restaurante —corrigió él, sin perder la seriedad—. Me enamoro de ella todos los días desde entonces. El restaurante solo fue el primer aviso.
Y ahí estuvo. El momento. Uno tan inesperado y verdadero que todos, incluso Alana, sonrieron como si acabaran de presenciar algo sagrado.
Yo lo miré. Él me miró. Y sin necesidad de palabras, entendimos que había dicho más de lo que nunca se había atrevido.
La noche se fue diluyendo entre risas, vasos vacíos y despedidas cálidas. Juliette abrazó a Cassian con la naturalidad de quien se ha reconciliado con una imagen equivocada, y Alana incluso le dio una palmadita en el hombro antes de irse.

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