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LA GORDITA QUE DOMÓ A UN MAFIOSO romance Capítulo 17

~ARTEM~

La pregunta de Alessia me hizo mirarla.

Durante un momento consideré responder que sí, porque Herminia apareció inmediatamente en mi cabeza.

La vi como la había encontrado aquella noche: inconsciente sobre el asfalto, descalza, cubierta de arañazos y con sangre bajándole por el rostro. Después la recordé sentada frente a mí, sosteniéndome la mirada mientras intentaba fingir que no estaba aterrada, amenazándome con un cuchillo aunque apenas pudiera caminar y finalmente contándome, entre lágrimas, lo que Ezequiel Montalvo le había hecho durante ocho años.

Podía contarles.

Maksim no solo era mi Pakhan, era mi mejor amigo.

Había confiado mi vida en sus manos más veces de las que podía recordar y él había hecho exactamente lo mismo conmigo. Alessia también era parte de mi familia y sabía que, si les explicaba la situación, ninguno de los dos me daría la espalda.

Ese era precisamente el problema.

No quería su ayuda. No porque dudara de ellos, sino porque sabía perfectamente lo que ocurriría en cuanto pronunciara el nombre de Ezequiel Montalvo y les explicara que tenía bajo mi protección a una mujer a la que ese narcotraficante llevaba ocho años considerando de su propiedad.

Maksim no se limitaría a encogerse de hombros y desearme suerte. Alessia tampoco iba a escuchar lo que le habían hecho a Herminia y después continuar tranquilamente con su vida.

Se involucrarían.

La Bratva terminaría involucrándose. Y un problema que en ese momento pertenecía únicamente a un hombre podía convertirse en otro conflicto entre organizaciones criminales.

Ya habíamos tenido suficientes guerras. Todavía tenía demasiado presentes las consecuencias de las últimas contra Petrov y Gio Marchetti.

Alessia me estudió unos segundos, como si intentara decidir si debía creerme, pero mantuve la expresión tranquila.

Había mentido a hombres mucho más desconfiados que ella y en situaciones bastante más peligrosas; ocultar una sola cosa no debería haber representado ningún problema.

Aun así, sentí una molestia incómoda en el pecho. No me gustaba mentirles. Mucho menos a Maksim. Pero prefería que algún día me reclamara haberle ocultado aquello a tener que verlo enterrando a alguien más de su familia por una guerra que yo mismo hubiera llevado hasta su casa.

Herminia Salazar seguiría siendo un secreto, al menos por ahora. Ezequiel Montalvo también.

Y si aquel hijo de puta decidía convertir su obsesión por ella en un problema mayor, tendría que enfrentarse conmigo antes de acercarse siquiera a los Volkov.

Ese asunto lo había encontrado yo en una carretera de Sinaloa y lo resolvería yo solo.

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