Un tiempo después...
~MILA~
El corazón me latía desenfrenadamente, golpeándome con fuerza el pecho. Quería tranquilizarme, pero simplemente no podía hacerlo. Estaba muy nerviosa y el tic incontrolable de mi pie derecho daba fe de ello.
Finalmente había llegado el gran día. Íbamos a conocer el sexo de los bebés y la incertidumbre me había acompañado durante días como una pequeña tortura imposible de ignorar. Moría de ganas por saber qué íbamos a tener y estaba segura de que mis dos esposos se sentían de la misma forma, a pesar de que hacían su mejor esfuerzo por ocultarlo.
Ninguno hablaba demasiado. Los conocía lo suficiente para saber que aquel extraño silencio no era tranquilidad, sino todo lo contrario. Estaban sentados a cada uno de mis lados en aquella sala de espera de la clínica de la doctora Amato, cada uno sosteniendo una de mis manos, recordándome sin palabras que estaban allí, a mi lado. Cada vez que la incertidumbre me hacía contener el aliento, uno de ellos apretaba mi mano con un poco más de fuerza y me sonreía dulcemente para aliviar mi desesperación.
De pronto, una enfermera apareció por la puerta y me llamó.
—Señora Ravelli, puede pasar.
Los tres nos pusimos en pie al mismo tiempo y la seguimos hasta el consultorio. Una vez dentro, seguí el procedimiento rutinario y me alisté para la ecografía.
—Esperen un momento. La doctora pronto vendrá a atenderlos —dijo antes de salir de la habitación y dejarnos solos.
Volteé a ver a cada uno de los hermanos y no pude evitar soltar una risita nerviosa.
—¿Están nerviosos? —les pregunté.
Nicolo me respondió con un asentimiento.
—Lo estoy.
—Yo no —dijo Paolo—. Estoy seguro de que ganaré esta apuesta: serán niños los dos.
Oh, Dios mío.
Allí estaban otra vez.
Parecía que la obsesión de mi hermano por hacer apuestas había terminado por contagiárseles a los dos. Llevaban días apostando quién de los dos acertaría el sexo de los bebés y ninguno estaba dispuesto a ceder.
Nicolo decía que sería un niño y una niña. Paolo por su parte decía que serían dos varones. A mí me gustaba la idea de dos niñas, no lo voy a negar, pero la verdad era que no me importaba. Mientras ambos estuvieran sanos, no pedía más.
Cruzándose de brazos, Nicolo negó con la cabeza y soltó un bufido.
—Será un niño y una niña —rebatió.
—No. Dos niños —sostuvo Paolo—. Y así le ganaremos a nuestro cuñado, haciéndole ver lo buenos sementales que somos.
Puse los ojos en blanco y reí, sacudiendo la cabeza en negación.
En ese momento la doctora Amato entró, dando por terminada aquella discusión. Revisó rápidamente mi expediente antes de sonreír y saludarnos con la misma cordialidad de siempre.
—Buenos días. ¿Cómo están los futuros padres?
—Buenos días, doctora Amato —saludamos los tres al mismo tiempo.
—Un poquito nerviosos —agregué, hablando por los tres.
Ella volvió a sonreír, mientras se acarcaba a los aparatos para encender los y, mientras tanto, hacía las preguntas de rutina.
—¿Cómo te has sentido desde la última consulta?

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: LA GORDITA QUE DOMÓ A UN MAFIOSO
Que pasa q no se puede desbloquear las páginas contando con monedas ???? Sean serios y no sinvergüenzas Si alguien quiere seguir leyendo este libro vean estos mensajes y no caigan en esta estafa porque no se puede leer aunque se allá pagado...
No puedo desbloquear los capítulos y tengo saldo, ayudenme !!!...
No puedo desbloquear los capítulos y si cuento con saldo, ayuda!!!...