~ALESSIA~
Apenas cruzamos las puertas de la mansión, comprendí que los cuatro nos habían estado esperando llenos de curiosidad.
Mila fue la primera en levantarse del sofá apenas nos vio entrar. Caminó directamente hacia mí con una sonrisa enorme y me rodeó con sus brazos.
—¿Cómo les fue? —preguntó, separándose apenas lo suficiente para mirarme a la cara.
Le sonreí.
—Muy bien.
Paolo asintió con calma.
—¿Todo salió como esperaban?
—Algo así —respondió Maksim.
Lo hizo con la serenidad habitual, quitándose la chaqueta mientras caminaba hacia la sala como si acabara de regresar de una reunión cualquiera y no de escuchar por primera vez el corazón de nuestro hijo.
Nicolo levantó una mano antes de que alguien pudiera cambiar de tema.
—Bueno... basta de rodeos. ¿Cuántos son? ¿Cinco? ¿Diez?
La sala quedó suspendida durante un instante.
Yo giré apenas la cabeza para mirar a Maksim y darme cuenta de que él no parecía ni remotamente incómodo por la pregunta.
—Uno —respondió sin vacilar.
Nadie habló.
Mila parpadeó. Paolo frunció ligeramente el ceño. Nicolo abrió la boca sin llegar a decir nada y Artem fue el primero en romper aquel desconcierto.
—Vaya... —comentó con una media sonrisa—. Resulta que la naturaleza decidió no darte la razón.
Maksim sonrió y se cruzó de brazos despreocupadamente.
—Cometió una omisión importante, pero bien. Ella sabrá lo que es mejor para Alessia y para mí.
Su respuesta fue tan seria que Mila terminó soltando una carcajada.
—¡No puede ser! —dijo llevándose una mano a la boca mientras reía—. ¿De verdad vas a darle la razón a la vida?
Mi arrogante esposo se encogió de hombros.
—Supongo que no puedo levantar una guerra contra la vida por no darme lo que quería, sino más bien sentirme afortunado porque bien pudo haberme hecho infértil y no darme hijos jamás.
Nicolo alzó una ceja.
—¿En serio este es el mismo Maksim Volkov? ¿Pakhan de la Bratva y mi cuñado?
—Lo es —confirmé— y hasta yo estoy muy sorprendida de su reacción.
—¿Qué tiene de sorprendente que esté orgulloso porque tendremos un bebé perfectamente sano? —rebatió Maksim.
—Yo te conozco desde hace años —dijo Artem— y créeme, sí es sorprendente que aceptes esto con tanta facilidad. Especialmente porque desde que te enteraste del embarazo no has parado de alardear que eras mucho mejor que Nicolo y Paolo, y que les ibas a ganar.
Maksim lo miró con absoluta tranquilidad.
—Bueno, quizá no gané, pero tampoco perdí.
Su respuesta consiguió que hasta Paolo esbozara una sonrisa.
—No, claro. La que falló fue la naturaleza.
—Quizá. Pero lo que quiero decir es que hasta ahora estamos empatados. Nadie ganó.
Nicolo soltó una risa incrédula y negó con la cabeza.
—Cuñado, eres incapaz de aceptar que te equivocaste y que perdiste.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: LA GORDITA QUE DOMÓ A UN MAFIOSO
Que pasa q no se puede desbloquear las páginas contando con monedas ???? Sean serios y no sinvergüenzas Si alguien quiere seguir leyendo este libro vean estos mensajes y no caigan en esta estafa porque no se puede leer aunque se allá pagado...
No puedo desbloquear los capítulos y tengo saldo, ayudenme !!!...
No puedo desbloquear los capítulos y si cuento con saldo, ayuda!!!...