~MILA~
La doctora Amato movió lentamente el transductor mientras observaba la pantalla.
Hubo unos segundos de absoluto silencio. Yo sentía que durante esos segundos el corazón se me desbocaba y se me iba a salir del pecho de un momento a otro. Incluso lo podía escuchar por encima de los sonidos que había en la habitación: como un tambor siendo golpeado frenéticamente.
Entonces la doctora señaló una zona concreta y por fin habló:
—Con este pequeño no tengo ninguna duda.
Prácticamente dejé de respirar. Los hermanos no apartaron la vista de la pantalla. Ni siquiera pestañearon, como si, de hacerlo, se iban a perder de algo importante.
La doctora Amato sonrió antes de dar la noticia.
—Es un niño.
No recuerdo quién de los dos soltó primero el aire. Creo que fueron ambos al mismo tiempo.
Paolo cerró la mano en un puño con una sonrisa de satisfacción que apenas consiguió contener.
—El primero... ¡sí! —exclamó con efusividad.
Nicolo resopló con resignación.
—Todavía falta el otro, así que no célebres todavía porque será niña.
—El primero ya me dio el cincuenta por ciento de la razón —rebatió Paolo—. Y estoy cien por ciento seguro de que él próximo también será varón.
—Claro que no. No vas a ganar. Será niña.
—Te quedarás con las ganas.
La doctora negó con una sonrisa mientras volvía a mover el ecógrafo.
—Veamos quién tiene la razón.
Otra vez esperamos.
Esta vez tardó un poco más porque el bebé parecía decidido a complicarle el trabajo.
Yo observaba la pantalla sin dejar de sonreír. Fuera niño o niña... ¿Qué importancia tenía realmente? Lo único que quería era que ambos nacieran sanos.
Finalmente la doctora Amato volvió a asentir.
—Aquí también puedo verlo claramente —dijo.
Nicolo enderezó la espalda, expectante. Paolo hizo exactamente lo mismo.
—Y...
Hasta pude escuchar el sonido de redoblantes.
—También es un niño.
Durante un segundo ninguno reaccionó. Después Paolo giró lentamente la cabeza hacia su hermano con una sonrisa de oreja a oreja, llena de triunfo.
Una sonrisa insufriblemente orgullosa.
—Dos.
Paolo soltó una risa baja.
—¡Sí, maldita sea! ¡Dos niños! Tal y como lo dije.
Levantó ambas manos y las cerró en puños, los cuales agitó en el aire para celebrar.
—¡Gané, joder! ¡Gané!

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: LA GORDITA QUE DOMÓ A UN MAFIOSO
Que pasa q no se puede desbloquear las páginas contando con monedas ???? Sean serios y no sinvergüenzas Si alguien quiere seguir leyendo este libro vean estos mensajes y no caigan en esta estafa porque no se puede leer aunque se allá pagado...
No puedo desbloquear los capítulos y tengo saldo, ayudenme !!!...
No puedo desbloquear los capítulos y si cuento con saldo, ayuda!!!...