~MINA~
Al tercer día de estar encerrada en aquella jaula, hasta llorar me resultaba agotador.
Tenía la boca tan seca que la lengua parecía pegárseme al paladar, mi estómago había dejado de protestar desde el día anterior y un dolor sordo me latía detrás de los ojos cada vez que intentaba incorporarme. No sabía qué hora era. Dentro de aquellas cuatro paredes de barrotes el tiempo terminaba convirtiéndose en algo inútil.
Podían haber pasado dos días o cuatro si no fuera porque yo misma había contado las veces que escuché disminuir el movimiento de la casa durante la noche: tres.
Tres noches metida en aquella jaula sin comida, sin agua y sin que nadie se acercara excepto uno de los hombres de Ezequiel, que había entrado dos veces únicamente para comprobar que seguía viva.
Ninguno había atendido mis súplicas cuando pedí algo para beber. Ni siquiera me miraron demasiado. Cumplían órdenes, y Ezequiel había ordenado que aprendiera la lección.
Lo que él no sabía era que la había aprendido. Solo que no era la que él pretendía enseñarme.
Permanecía recostada contra los barrotes cuando escuché abrirse la puerta exterior. Levanté la cabeza con esfuerzo y el corazón comenzó a golpearme con fuerza en cuanto lo vi.
Ezequiel caminaba con la seguridad de quien jamás esperaba encontrar oposición, como si cada lugar al que entraba le perteneciera por derecho y todos los que estuvieran dentro debieran acomodarse inmediatamente a su presencia.
Sentí miedo. Mucho. Tanto que mi cuerpo reaccionó antes de que pudiera impedírselo y me encogí ligeramente cuando apareció frente a la jaula. Aquello, al menos, jugaba a mi favor.
No tenía que fingir que le temía; solamente tenía que convencerlo de que ese miedo había conseguido exactamente lo que él quería.
Ezequiel se detuvo frente a mí y me estudió durante unos segundos.
Debía verme miserable, porque llevaba la misma ropa sucia de tres días, el cabello enredado, el rostro hinchado y los labios agrietados. Quizá precisamente por eso una expresión satisfecha comenzó a dibujársele en la cara.
—¿Ya aprendiste?
Tragué saliva y el movimiento me raspó la garganta.
Había repetido aquella conversación en mi cabeza durante horas, pues sabía exactamente lo qué él necesitaba escuchar. No la verdad, desde luego.
La verdad era que lo odiaba tanto que a veces me parecía imposible contenerla dentro del cuerpo. La verdad era que durante aquellas tres noches había visto una y otra vez a Julián desplomarse después del disparo y me había prometido que no permitiría que muriera por nada. La verdad era que, si Ezequiel abría esa puerta, yo iba a hacer todo lo posible por salir de aquella propiedad aunque terminara con una bala en la cabeza.
Pero él no podía ver nada de eso.
Bajé la mirada para que no pudiera ver mis verdaderas intenciones en mis ojos.
—Sí.
—No te escuché.
—Sí, Ezequiel. Aprendí.
Su sonrisa se ensanchó y se acercó un poco más a los barrotes. Obligué a mis manos a permanecer quietas sobre mi regazo.
—¿Y qué aprendiste?
Aquello también lo había previsto. Ezequiel nunca se conformaba con una rendición sencilla. Necesitaba escucharla. Necesitaba que una persona tomara su crueldad, la convirtiera en justicia y se la devolviera envuelta en una disculpa.
Respiré lentamente.
—Que fue mi culpa.
Decirlo me revolvió el estómago.
Sus cejas se elevaron ligeramente.
—¿Qué fue tu culpa?
Tuve que apretar los dedos contra la tela del vestido para no levantar la cabeza y escupirle que era un maldito monstruo.
Me obligué a recordar por qué estaba haciendo aquello. No necesitaba tener razón. Necesitaba salir de la jaula.
—Lo de Julián.
El nombre me dolió.
—Sigue.
—No debí darle motivos para pensar que podía acercarse a mí. Tampoco debí mirarlo y faltarte el respeto.
Ezequiel inclinó ligeramente la cabeza, satisfecho.
—¿Y?
Sentí que algo dentro de mí gritaba.
Lo aplasté.
—Te amo.
Las palabras casi me dieron náuseas.
—Mírame.
Levanté lentamente el rostro.
—Repítelo.



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Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: LA GORDITA QUE DOMÓ A UN MAFIOSO
Alguien me puede explicar como del 88 salta al 89 del futuro como asi que Lexia esta embarazada de nuevo...
A mi tampoco me deja y tengo saldo...
Que pasa q no se puede desbloquear las páginas contando con monedas ???? Sean serios y no sinvergüenzas Si alguien quiere seguir leyendo este libro vean estos mensajes y no caigan en esta estafa porque no se puede leer aunque se allá pagado...
No puedo desbloquear los capítulos y tengo saldo, ayudenme !!!...
No puedo desbloquear los capítulos y si cuento con saldo, ayuda!!!...