~MINA~
Aquel hombre estaba parado en una esquina, un poco más allá del edificio, donde la luz de las farolas apenas alcanzaba a tocar la acera. No hacía nada. No caminaba, no hablaba con nadie, no parecía estar esperando un transporte. Simplemente estaba allí, con una parte del cuerpo escondida por la penumbra.
Me quedé quieta, intentando distinguir mejor su rostro, pero desde aquella distancia era imposible. Solo alcanzaba a ver una silueta masculina, alta, inmóvil.
Mi corazón volvió a acelerarse aunque me dije que no tenía por qué significar nada.
Podía estar esperando a alguien. Podía haber salido a fumar. Podía vivir en cualquiera de los edificios cercanos. Podía ser un hombre cualquiera haciendo cualquier cosa que no tuviera absolutamente nada que ver conmigo.
Entonces levantó la cabeza y sentí que se me cortaba la respiración.
Su rostro se orientó hacia el edificio. Hacia arriba. Justo hacia el punto donde se encontraba mi ventana.
Me aparté de golpe y quedé pegada contra la pared, fuera del alcance del cristal, con una mano presionada contra mi pecho mientras el corazón me golpeaba con tanta fuerza que parecía querer salirse.
Durante varios segundos no hice nada. Ni siquiera respiré con normalidad. Una parte de mí quería alejarse de allí, regresar a la cama y esconderme bajo las cobijas como si tuviera cinco años. Otra necesitaba saber si aquel hombre seguía allí.
Tragué saliva.
—No seas pendeja —susurré.
No sabía si me lo decía porque debía alejarme o porque debía comprobar qué demonios estaba pasando.
Al final ganó la segunda opción.
Me acerqué otra vez a la ventana, pero esta vez sin mostrarme por completo. Dejé apenas una fracción del rostro junto al borde y miré hacia la esquina.
El hombre seguía allí, pero ya no estaba mirando hacia arriba. Tenía la cabeza inclinada y parecía estar viendo algo en sus manos, quizá un teléfono.
Permaneció así durante un rato que se me hizo eterno. Yo no me moví. Cada cierto tiempo levantaba la vista hacia la calle, pero no volvió a hacerlo hacia mi ventana, o al menos no de una manera que yo pudiera asegurar.
Pasaron varios minutos. Después se movió y mi cuerpo entero se tensó otra vez.
El hombre guardó lo que tuviera en las manos, miró hacia ambos lados de la calle y comenzó a caminar.
No corrió. No se escondió. No hizo absolutamente nada sospechoso. Simplemente se alejó hasta desaparecer por la esquina.
Me quedé allí un buen rato después de que se fuera, vigilando si regresaba o algún grupo venía al ataque, pero nada más ocurrió.
Nadie apareció. El hombre no regresó. No hubo otros hombres. La calle quedó casi vacía.
Poco a poco, el miedo empezó a transformarse en una incomodidad distinta, una mezcla de vergüenza y frustración conmigo misma.
Quizá ni siquiera me había mirado. Quizá simplemente había levantado la cabeza y yo había decidido que sus ojos estaban clavados en mi ventana porque ya venía predispuesta a pensar lo peor.


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Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: LA GORDITA QUE DOMÓ A UN MAFIOSO
Alguien me puede explicar como del 88 salta al 89 del futuro como asi que Lexia esta embarazada de nuevo...
A mi tampoco me deja y tengo saldo...
Que pasa q no se puede desbloquear las páginas contando con monedas ???? Sean serios y no sinvergüenzas Si alguien quiere seguir leyendo este libro vean estos mensajes y no caigan en esta estafa porque no se puede leer aunque se allá pagado...
No puedo desbloquear los capítulos y tengo saldo, ayudenme !!!...
No puedo desbloquear los capítulos y si cuento con saldo, ayuda!!!...