Finn
Caminó a cuatro patas hasta la abertura y se metió. Alcancé a escuchar voces amortiguadas, pero no intenté escuchar. Si era más pequeña que Gabriel, era apenas una bebé y no tenía idea de en qué estado podría estar su mente.
Aparte de mis amigos, nunca nos habíamos cruzado con demasiados cachorros durante nuestro viaje, y siempre pensé que era porque situaciones como la de Sammy y la mía eran algo excepcional. Pero después de ver a esos niños, me pregunté si no sería porque no habían logrado sobrevivir hasta que alguien los encontrara.
Escuché un pequeño chillido detrás de mí cuando Gabriel se sentó a mi lado. Cuando volteé, se encogió de hombros. Supuse que eso significaba que era mi turno. Me arriesgué a echar un vistazo y se me cortó la respiración.
Aquella cosita diminuta estaba acurrucada en una bola junto a la abertura, mirándome fijamente. Su lenguaje corporal decía que tenía miedo, pero su mirada decía otra cosa. Tenía unos ojos verdes penetrantes y fieros. Su mirada casi me retaba a acercarme para ver qué me haría.
Mantuve el trasero pegado al suelo y levanté la mano para saludar.
—Hola —dije con suavidad—. Me llamo Finn. Mis compañeros Seth y Samuel fueron a ayudar a Landon y a Peyton a conseguir leña y comida. Solo estoy aquí pasando el rato con Gabriel, ¿quieres sentarte con nosotros?
Ella solo ladeó la cabeza, estudiándome.
—¿Eres de los buenos o de los malos? Porque tuvimos que escondernos de unos malos. —Sonaba tan segura y confiada para lo pequeña que era.
—Bueno, estamos aquí para ayudarlos. Creo que eso nos convierte en los buenos, ¿no te parece?
—Sí, pero los malos también dijeron que iban a ayudar. —Se abrazó las piernas con más fuerza.
—¡Es cierto! —intervino Gabriel.
Lo escuché sin apartar la mirada de Trinity.
—Dijeron que conocían a alguien que quería niños, y como teníamos hambre y estábamos perdidos, Landon dijo que podíamos ir con ellos...
—Pero entonces los escuché hablando de vendernos. No querían ayudar, así que nos escapamos en medio de la noche. Trin tiene miedo de que vengan a buscarnos —dijo Landon saliendo del bosque con un montón de ramas.
—Tiene sentido que esté nerviosa con nosotros entonces. —Seth siguió a Landon hasta la fogata.
—Bueno, nosotros no queremos venderlos. Eso seguro. El Alfa Ryker y la Luna Kennedy nos pidieron que viniéramos a ver cómo estaban y si necesitaban un lugar donde quedarse por un tiempo. —Hice contacto visual con los tres niños.
—Sí, pero los últimos también dijeron que querían ayudar. ¿Cómo sabemos que podemos confiar en ustedes?
—No lo saben. Pero pueden usar sus instintos. —Me concentré por completo en Landon. Era el líder de aquella pequeña manada y los demás harían lo que él dijera—. Perdí a mi manada cuando tenía seis años y tuve que aprender a confiar en esa vocecita en mi cabeza. —Me toqué la sien—. Algunas personas eran buenas y otras eran malas, pero puede ser difícil distinguirlas por cómo se ven o cómo hablan, ¿verdad? —Landon asintió—. Aprendí que si alguien me daba una sensación rara, lo mejor era alejarme. Así fue como encontré a la manada del Alfa Ryker y la Luna Kennedy. La ayudé y me dijeron que podía quedarme si quería.

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