—Entonces, Gabriel, ¿puedes bañarte solo o quieres que te ayuden?
—Soy grande, puedo hacerlo todo yo solo. —Levantó la mano para detenerme en la puerta del baño.
—Muy bien, pequeño. Grita si necesitas ayuda para alcanzarte la espalda y Finn entrará, ¿de acuerdo? —Gabriel me levantó el pulgar y Finn se quedó aterrado—. ¿Qué? —pregunté, bastante segura de saber la respuesta.
—¿Cómo se supone que lo ayude? ¡Nunca he hecho nada de esto! —me susurró a gritos.
—Relájate, no es tan difícil. ¿No tenían cachorros en su pequeño grupo de errantes?
—Después de Sammy y de mí, no realmente. La mayoría de la gente con cachorros solo se quedaba el tiempo suficiente para llegar a otra manada. Era más seguro para ellos estar en el grupo grande. O nunca encontrábamos cachorros, o nuestros fantásticos líderes los evitaban y los ignoraban. Creo que lo segundo es más probable.
—¡Finn! ¡Necesito ayuda! ¡Me cayó jabón en los ojos! —gritó Gabriel.
Tomé a Trinity, que me soltó y se acurrucó contra mí sin resistencia mientras Finn salía disparado. Era bueno saber que cooperaría cuando realmente importara. Escuché una cascada de risitas de Gabriel y sonreí. Finn estaba en problemas. Comencé a caminar de un lado a otro con Trinity frente a la puerta del baño. La niña estaba agotada, pero yo quería lavarle toda la mugre y asegurarme de que no hubiera heridas o lesiones que necesitaran atención.
Unos cinco minutos después, el agua se cerró. Escuché movimiento y una conversación en voz baja con más risitas antes de que la puerta se abriera, y no pude contener la risa, despertando a Trinity por completo.
—¿Cuál de los dos se suponía que estaba en la ducha? —pregunté en medio de la risa.
—Ja, ja, muy gracioso. A ver qué tan buena eres tú para alcanzar el jabón sin resbalarte.
—¿Eso es un desafío? —Me acerqué un paso, mirándolo directo a esos cálidos ojos azul marino.
Finn se acercó todo lo posible con Trinity entre los dos.
—Eres un mal perdedor. —Me reí, sacando una camiseta para que Trinity durmiera—. Aquí tienes. —Me volteé para ponérsela por la cabeza y noté que la niña le sonreía a Finn de nuevo. Poniendo los ojos en blanco, la vestí y le pasé un cepillo por el cabello, que resultó ser de un tono más claro que el mío. Yo tenía el cabello casi negro con reflejos rojizos; el de Trinity era de un castaño chocolate oscuro con reflejos rojizos. Ya veríamos qué tan claro quedaba cuando se secara—. Muy bien, vamos a acostarte.
—¿Puedo quedarme con Finn? —Los miró a los dos, preocupada.
Finn me miró con la misma incertidumbre. Cuando no dio señal de darle una respuesta, miré a Trinity:
—Creo que sí se puede. ¿Te importa compartir conmigo también? —Extendí la mano. Sin dudarlo, Trinity la tomó y me siguió a la habitación.
Gabriel estaba dormido en medio de la cama King. Ayudé a Trinity a subir; la niña se arrastró junto a Gabriel bajo las cobijas esponjosas y dio palmaditas en el espacio de su otro lado para Finn.
—Voy a ver cómo están los otros dos y luego vengo. —Finn asintió mientras se acomodaba con la niña de cuatro años aferrada a su brazo.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Luna no deseada por el Alfa
cuando nuevos capítulos? no puede terminar así, o si??...