La apreté contra mí.
—No sabemos qué va a pasar —le susurré entre el cabello—. Puede que tengas razón y la perdamos. —Los sollozos de Greta se intensificaron—. Pero también puede que ella enfrente una pérdida peor que esa. Puede que nos necesite cuando encontremos a las familias de todos los demás menos la de ella. De cualquier forma nos necesita, Gabriel nos necesita, Peyton y Landon nos necesitan. Tú tuviste a Ryker y yo tuve a Nan. Debemos darles a alguien en quien confiar ahora, sin importar cuál sea el resultado —le tomé la cara y le levanté la cabeza para que no pudiera evitarme—. Ya sea que tengamos que dejarla ir o soportar su adolescencia, lo haremos juntos, ¿sí? —Pregunté y esperé a que de verdad me mirara
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Sus ojos color chocolate estaban enmarcados por pestañas húmedas. Tenía la cara enrojecida y manchada por el llanto, pero yo creía que ese era el lado más hermoso que me había mostrado hasta entonces. Se quedó mirándome con las manos aferradas a mi camiseta, vulnerable. Había bajado la guardia por completo conmigo. Después de varios minutos largos, asintió.
—Voy a necesitar palabras, compañera. —Dejé que el gruñido de mi lobo tiñera mis palabras. Greta abrió los ojos de par en par. Se mordió el labio inferior mientras le deslizaba las manos hacia abajo para sujetarla de la cintura y acercarla aún más. Seguíamos demasiado lejos. Soltó aquella carne tentadora y pensé que iba a obedecer como buena chica, pero me sorprendió estampando los labios contra los míos. Aquel beso fue pura pasión. No estábamos apurados ni demasiado frenéticos por la fuerza de un vínculo de compañero negado durante demasiado tiempo. Era una promesa silenciosa. Me deseaba, estaba conmigo, confiaba en mí por completo.

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