Entrar Via

La Luna no deseada por el Alfa romance Capítulo 309

Ben

No tenía del todo claro por qué tomaba semanas planificar un viaje a una manada que quedaba apenas a una hora de distancia. Había tantas formalidades que ya me estaban mareando. Tuvimos que negociar protección, la forma en que entraríamos al territorio, los horarios permitidos. Después vinieron las cosas en las que ninguno había pensado.

El Alfa James y mi padre nos pusieron a examinar mapas buscando lugares donde los rebeldes pudieran emboscarnos en el camino, y todos los puntos donde se habían reportado ataques. Para entonces conocía las fronteras de Garra Negra casi tan bien como las nuestras.

Cuanto más explicaban, más sentido tenía, pero eso no lo hacía menos intimidante. Se suponía que debíamos tomar toda la información que nos dieran con cautela. Creerla al verla con nuestros ojos, pero tampoco ignorarla. No había habido nuevos ataques desde que encontraron a un guerrero joven exhibido en la frontera oeste más lejana, pero Alfa David estaba convencido de que el problema tenía que ver con la transición de su hija para asumir el mando de la manada, y que aquello estaba lejos de terminar.

Dijo que explicaría más cuando llegáramos, lo cual no ayudaba a mi humor. Me gustaba planificar y estar preparado para cualquier situación; que me ocultaran información a propósito era una tortura para mí.

—¿Listo? —preguntó Jason, entrando a la oficina de mi padre y encontrándome inclinado sobre los mapas, otra vez.

Cuando nos acercamos a la casa de la manada, me quedé pasmado. Con todo lo que nos habían dicho sobre esa manada, la mansión ostentosa que apareció ante nosotros no era lo que esperaba. Era una construcción antigua de piedra con varias capas de tejado. Parecía capaz de albergar a diez familias cómodamente. No creo haber visto una casa así hasta entonces, pero había escuchado que los Alfas más viejos solían exhibir su estatus y riqueza con su vivienda. Esperaba que la personalidad del Alfa David no fuera como ese edificio.

Estacionamos las dos camionetas al pie de la escalinata principal que subía a la casa y bajamos para encontrar a cuatro Omegas esperándonos. Ah, sí, esos tipos iban a ser unos creídos. El primer Omega nos recibió y nos guio por la puerta para mostrarnos las habitaciones. Los demás tomaron nuestro equipaje y nos siguieron. No me terminaba de gustar que me cargaran las maletas.

El interior era todo madera oscura y aire de época. Una escalera enorme recorría cada pared del vestíbulo, subiendo al piso superior con un balcón perimetral completo que daba al recibidor. El Omega nos condujo por una de las escaleras hasta el ala de invitados. Nos indicaron que nos aseáramos; alguien vendría a buscarnos para la cena en una hora. Jason, Tommy y yo bromeamos con Rayna y Jeremiah diciéndoles que no era tiempo suficiente para un rapidín.

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Luna no deseada por el Alfa