Ryker
—Me da esa impresión. Pero tiene sentido si tú y ella están conectados de alguna forma. Es una hembra Alfa, y ellas son todavía más intensas que nosotros —sonreí, intentando relajar el ambiente. Me acababa de dar mucha información que no creí que fuera a compartir conmigo nunca.
Él se rio.
—Ni me lo digas. Y claro, me tocó ser compañero de una. Creo que voy a tener mucho trabajo, sobre todo si Ken regresa a vivir a la manada después de terminar la universidad. Es lo que mi mamá quiere. Además, ella desea estar cerca del negocio que su madre fundó antes de que naciera.
—Ni lo pienses, osito, acéptalo. Ella se queda aquí. Ahora pertenece a la Manada Luna Oscura —la posesividad de mi lobo se extendió por todo mi cuerpo.
“Aún no podemos decir eso, todavía no la reclamamos”. Me dio curiosidad saber qué tipo de negocio tenía y empecé a pensar en formas de traerlo para allá.
“¡Pues reclámala de una vez, estúpido! ¡Es nuestra!”
Tenía sus planes y también debíamos respetar eso. Aunque la idea me revolvía el estómago, tenía que irme con cuidado. Los lobos estábamos dispuestos a dejarlo todo para estar con nuestra pareja. Los humanos no. Todavía no sabía cómo funcionaba el vínculo para un humano. ¿Podría ella rechazarlo de una forma en que nosotros no podíamos?
—Mira quién resultó ser el sentimental ahora.
—Mejor vamos a trabajar. Ya nos ocuparemos de esto después.
Al menos ya conocía un poco más de su pasado y respetaba que Jeremiah intentara protegerla, pero dándole también lo que ella quería. Si era la mitad de terca de lo que aparentaba, Jeremiah tenía razón y todos tendríamos problemas. Casi disfruté el pensamiento de verla rendirse ante mí. ¿Lo haría por voluntad propia o me daría pelea?
Tuve que sacudirme la idea de la cabeza; Jeremiah aprovechó que me distraje para darme un golpe porque mis instintos estaban empezando a nublar mi juicio. No necesitaba ver que se me estaba empezando a notar la emoción ante la idea de dominarla. No lo entendería y yo no pensaba darle explicaciones.
Entrenamos y me perdí en el ritmo de los movimientos. Era un guerrero hábil y me obligó a esforzarme para ganarle. Al menos sabía que mi hermana estaría a salvo con él. Si peleaba así en una práctica, acabaría con cualquier amenaza contra mi hermana sin el menor esfuerzo.
Arremetió contra mí y giré para quitarme de su camino. Logró rodear mi cintura con un brazo, pero fui lo bastante rápido para evitar que el otro hiciera contacto, así que ambos tiramos en mi dirección. Intenté darle un codazo en la espalda, pero se agachó y rodó para alejarse. Al atacar de nuevo, intentó sujetarme del brazo para doblarlo detrás de mi espalda. Me moví con el impulso y lo atrapé en un candado al cuello. Él no dudó y se inclinó hacia adelante para lanzarme sobre su hombro.
“Aunque seas un idiota, anoche estuvo en nuestros brazos, no en los de él”. Volvió a ronronear y Jeremiah me lanzó una mirada de reojo que preferí ignorar.
—Aquí todos pueden participar. Debiste haberlo pensado mejor antes de elegir —le dije a Danny con tono burlón mientras me encogía de hombros.
—De hecho. —Josh se levantó de su posición de combate y me arrepentí de haber hablado en cuanto me miró a los ojos—. Alfa, no lo hemos visto participar hoy. ¿Por qué no entra usted?
“Eres un maldito imbécil”, le dije por el enlace mental. Sospechaba algo y era demasiado observador para su propio bien. Su sonrisa me confirmó que sabía que me pasaba algo. Podía caer en su juego o ver cómo le ponía las manos encima a ella. Y él haría todo lo posible por provocarme una reacción.
—¿Qué pasa, Alfa? ¿Le tiene miedo a la humana? ¿O hay algo que todos debamos saber?
Solo me quedé mirándolo, obligando a mi lobo a calmarse para no hacer una locura, como marcarla mientras entrenábamos. Lo único que quería era tocarla por todas partes. Era el único pensamiento que había intentado adueñarse de mi mente en todo aquel día. Eso no terminaría bien allí. No podía dejar que Josh la tocara. Al menos los coqueteos de Danny habían sido solo palabras.
No dejaría que nadie más la tocara. Igual que la noche anterior, en el momento en que le pusiera las manos encima, me iba a costar mucho soltarla. Tenía la cabeza hecha un desastre y no debería haber sido así. Debería haber sido capaz de fingir desinterés como con cualquier otra hembra. Mi duda provocó que todo mi equipo me mirara con confusión. Yo no dudaba. Nunca.

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