Kennedy
Sabía que me estaba portando como una caprichosa, pero no quería saber nada de los tipos de la Luna Oscura e iba a evitar encontrármelos todo el tiempo que fuera posible. Rayna le había explicado la situación a mi tía Beth temprano por la mañana y ella decidió que podíamos comer y arreglarnos en mi habitación.
Mi tía lo manejó para que pareciera que sería una mejor sorpresa para los varones si no nos veían para nada antes de la ceremonia. No se me pasó por alto que me habían incluido en el plan de la sorpresa. Estaba del lado de Ryker en todo aquello. Iba a pasarme el día entero queriendo poner los ojos en blanco.
Me dio un abrazo que me dejó sin aire.
—Te dije que eras especial, linda. Me muero por ver tu ceremonia, de seguro será grandioso —dijo ella. Mi tía estaba en las nubes, tan perdida en su mundo que no escuchaba razones.
Él no me quería a mí ni a ninguna Luna, si es que los rumores de su manada eran ciertos. Rayna no confirmaba ni desmentía nada de lo que le preguntaba, lo cual me enojaba, pero tampoco quería presionarla. No era justo ponerla entre la espada y la pared.
Ese día no se trataba de mí, se trataba de ella. Ya podría resolver mis propios problemas después de que hiciéramos que aquel día fuera increíble. Solo tendría que evitarlos a todos durante todo el día. Qué fastidio.
Bennet había intentado hablar conmigo cada vez que se abría la puerta de mi cuarto para que pasaran mi tía, las peinadoras o las maquillistas. No sabía ni qué decirle. ¿Y por qué seguía allí afuera, con el mismo traje que traía cuando llegaron? ¿Me estaba acosando? ¿O a Rayna? ¿Me habría oído gritar la noche anterior? Ay, no, de seguro los había despertado a todos, pero él fue el único que se preocupó lo suficiente como para venir a ver cómo estaba.
Rayna me tronó los dedos frente a la cara y parpadeé un par de veces.
—¡Ya deja de preocuparte tanto! Hoy va a ser un día genial —dijo ella mientras se sentaba derecha en una silla alta que había traído la estilista.
—¿Qué? ¿Cómo? —La observé mientras le recogían su hermoso cabello negro hacia un lado para que Jeremiah pudiera marcarla bien frente a toda la manada. Se veía preciosa y eso que la maquillista ni siquiera había empezado con ella. —Jer se va a morir cuando te vea—. Traté de que el tema volviera a ser ella. No podía distraerme otra vez.
Me acerqué y le di un abrazo mientras la peinadora terminaba su trabajo.
Después de comer hasta llenarnos con los bocadillos que nos trajo una Omega y de que nos dieran los últimos retoques de maquillaje, nos vestimos. Todo el proceso fue documentado por la fotógrafa que nos había estado siguiendo desde que nos levantamos.
Había tenido ganas de darle un golpe un par de veces por hacernos perder el tiempo fingiendo que nos reíamos o que comíamos para conseguir la mejor foto. A nadie le importaba vernos morder un sándwich.
El vestido de Rayna era hermoso y elegante, como ella. Era de un color verde menta pálido, de estilo griego y con un escote corazón sostenido por dos tirantes delgados que se unían en un delicado diseño de encaje en la espalda. La tela se ajustaba a su cintura con un cinturón grueso del mismo material, resaltando sus curvas. La falda tenía muchísima tela ligera que la hacía parecer un ángel cuando caminaba.
—Definitivamente. Voy a tener que levantar a Jer del suelo antes de que llegues al final del pasillo. ¡Te ves divina! —chillé de la emoción y ella me devolvió la sonrisa—. Es hora. Vamos a dejar a ese lobo fuera de combate.

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