Abrí la puerta y me encontré de frente con un par de tipos que parecían paredes de puro músculo. ¿Qué demonios? Me imaginé que Jason estaría allí, pero…
—¡Ay, no! Ni de chiste. Bennet, ¿no tienes nada mejor que hacer con tu tiempo?
No debía hablarle así; en realidad no había hecho nada malo más que estorbarme y estar demasiado cerca, lo cual me incomodaba.
—Para nada —nos miró a las dos con cara inexpresiva—. No veo que le estés reclamando a Jason por hacer su trabajo.
Parecía que le había dolido lo que dije. ¿Estaría molesto conmigo?
—Él sigue a su Luna, ese es su trabajo. ¿Por qué le diría algo?
—Y yo sigo a la mía, acéptalo. No está a discusión.
“¿Qué carajos?” Sentí que arrugaba la frente todavía más. No, no estaba sentido; estaba furioso porque tenía que estar detrás de mí. Ya éramos dos, amiguito.
Rayna me tomó del brazo y empezó a caminar antes de que pudiera reclamarle a Bennet. Qué bien. ¿Todos serían así de pesados cuando no estaban de fiesta? Tal vez solo habían sido amables cuando los visitamos porque querían que Rayna estuviera tranquila. Tuve que respirar mientras bajábamos las escaleras.
El torbellino que era la tía Beth resultó una distracción que agradecí cuando llegamos abajo. Jason y Bennet se mantuvieron alejados, vigilando desde las orillas de la habitación. Por la cara de preocupación de mi tía, me di cuenta de que no sabía qué pensar sobre mi situación; seguro que todos ya lo habían discutido mil veces: habían hablado de mí, pero sin mí. Como siempre.

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