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La Luna no deseada por el Alfa romance Capítulo 71

Ryker

—Lo siento. Todo este asunto de la compañera me trae mal de la cabeza, ¿ella está bien?

Él se encogió de hombros.

—Solo espero no ser tan idiota con mi compañera cuando por fin aparezca. No tengo tiempo para las estupideces que tú y tu lobo están haciendo. Especialmente ahora, que me toca cuidar a la Luna todo el día porque ella cree que eres un imbécil.

—¿Eso dijo?

—No con palabras, pero me imagino que es lo que todos pensamos. Y como es muy lista, seguro opina lo mismo por la forma en la que la tratas.

—De nuevo, vete al carajo. Sabes que yo nunca quise una compañera. Tengo demasiados enemigos que intentarán usarla en mi contra. Después de todo lo que pasaron mis padres, pensé que todos lo entendían. Creí que tal vez la Diosa estaba de acuerdo conmigo, pero no. Se esperó a que mi hermana encontrara al suyo y luego, solo por diversión, decidió darme a una humana cualquiera. No puede transformarse ni protegerse. ¿Qué se supone que haga con eso?

—Para empezar, habla con ella, idiota. Tal vez ella siente lo mismo y podrían llegar a un acuerdo. Esto no se trata solo de ti, pero arreglarlo… eso te toca a ti. Mientras tanto, me voy a quedar aquí escuchando su música de mujer despechada y no voy a dormir hasta que otro guerrero me releve un par de horas —señaló la puerta con el pulgar. Yo también escuchaba la música, pero nada más—. Y te recuerdo que sí sabe defenderse. ¿O ya se te olvidó que te puso en tu lugar durante el entrenamiento?

Ignoré el comentario.

—¿Cuánto tiempo llevan aquí arriba?

Miró su reloj.

—Poco más de una hora. Tiró un par de cosas, puso su música y luego se metió a bañar. Después de eso escuché que se acostó. ¿Por qué? —Se puso de pie, notando mi ansiedad.

—No puedo olerla ni escuchar su respiración.

—¿A qué te refieres? Yo la huelo por todo el piso. Y ese jabón que usa huele muy fuerte.

—Su aroma es tenue. No tiene la intensidad que debería si ella estuviera en el cuarto. Abre la puerta.

—La cerró con llave.

—Me importa un carajo.

Pasé a su lado y abrí la puerta de una patada con un gruñido, esperando que mis sospechas fueran falsas y ella me gritara. Pero tenía razón: no estaba allí.

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Él corrió hacia el baño y luego al clóset mientras yo me quedé paralizado mirando la ventana abierta. Respiré y dejé escapar el aire con un temblor. ¿Dónde estaba? Bennet se detuvo junto a mí para ver lo que yo estaba mirando.

—¡Mierda! —gritó.

—Estuvo aquí. Cubrió su rastro con cedro. No busquen su olor, busquen un aroma a cedro que no sea natural. Se está camuflando.

—Carajo. Jason tenía razón. Dijo que era muy inteligente y que daría muchos problemas cuando se lo propusiera, que me traería de un lado a otro. Me advirtió que me preparara para el viaje —parecía impresionado mientras acelerábamos.

No pude evitar reír. Al menos les hacía aquello a los de su propia manada y no solo a mí. Por lo menos había aprendido a adaptarse a nuestros sentidos de lobo. Mierda. En ese momento, el impresionado era yo.

“Te dije que estaba hecha para nosotros. Tienes que reconocerle su mérito y a la Diosa también. Ella no nos pondría con alguien que no pudiera aguantar el ritmo”. El orgullo de mi lobo por nuestra compañera se sentía con fuerza, pero yo seguía sin estar de acuerdo. Era humana y frágil; era fácil lastimarla, aunque hubiera aprendido algunos trucos en el camino.

Continuamos corriendo en silencio; bueno, yo iba callado, Bennet no dejaba de alabar su habilidad para no dejar rastro y para no moverse en línea recta. Lo estaba haciendo trabajar duro y él era uno de mis mejores rastreadores.

Les iba narrando todo a Josh y a Danny, quienes venían cerca en la camioneta y estaban igual de impresionados con lo que ella estaba haciendo. Aquel tipo estaba igual de loco por ella que mi propio lobo. Si no supiera que era admiración por su Luna, me habría puesto celoso.

A una buena distancia dentro del bosque, percibí otro olor que no conocía, corriendo en paralelo al de Kennedy, y sentí una punzada. Bennet también lo notó y se desvió para investigar, mientras yo me mantuve en el rastro de Kennedy. Nadie iba a llegar a ella antes que nosotros.

Aumenté la velocidad.

No estaba cansado, pero me impresionaba lo lejos que había llegado en tan poco tiempo y dejando tan poca evidencia. Entonces escuché un gruñido amenazador. Un lobo la perseguía. Ya fuera por su conexión conmigo o por ser una humana sola en el bosque a mitad de la noche, no me importaba.

“Es mi chica”, fue lo único que pude pensar mientras la adrenalina recorría mis venas y la furia de mi lobo contra cualquiera que amenazara a nuestra compañera me obligaba a correr todavía más rápido.

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