Fingí que estaba muy interesado en mi celular mientras caminaba de regreso a mi auto, pero toda mi atención estaba puesta en mi compañera. Escuché que le gritaba a Grant. Eso era algo que nunca se iba a quitar de encima. Luego tuvo una conversación muy animada con todos los que estaban en su auto.
Por la forma en que movía las manos y la expresión juguetona de sus ojos, me di cuenta de que estaba siendo sarcástica, seguramente a mi costa. Pero no podía evitar desear que dirigiera un poco de esa alegría hacia mí.
Mientras observaba a Greta entregarle su mochila, la sonrisa que Kennedy le devolvió hizo que mi lobo suspirara; Greta me lanzó una rápida mirada de “te lo dije”. Sin embargo, esa sensación cálida duró poco cuando Kennedy alzó la voz.
—Entiendo el protocolo de seguridad. Solo sería lindo que me lo explicaran con más que gruñidos a medias.
Alcancé a escuchar cómo le daba las gracias a Greta en voz baja y su comentario sobre lo tontos que eran los hombres, aunque no estaba destinado a que yo lo oyera. O tal vez sí.
Abrí mi enlace mental con Danny. No había forma de que hubiera terminado con sus quejas, considerando el viaje de ese día. Había tenido su parloteo en el fondo de mi mente todo el camino, gracias a que mi lobo quería escuchar su voz y a que mi equipo pensaba que merecía el castigo tanto o más que ellos.
De hecho, mi lobo se rio de lo molesto que estaba Josh con ella. También pensó que era muy gracioso que llamara a Grant “Jeeves”. Después de aquel día, él jamás volvería a usar su nombre real, pero se lo estaba tomando bien. También le estaba empezando a caer bien.
Mis pensamientos se centraron en la conversación cuando llamó a Danny niño chiquito y mencionó que yo le había arruinado el plan en la fiesta de mi hermana. No me había dado cuenta de que ella había notado esa situación. Tal vez era más observadora de lo que pensaba.
Me quedé paralizado al subirme a mi asiento cuando él mencionó que Ben sentía algo por ella y ella no lo negó ni intentó dar explicaciones. El enojo de mi lobo se encendió y se me nubló la vista cuando mencionaron que la mano de Ben estuvo en su cintura cuando llegamos a la Manada Creciente Plateado. Inhalé profundamente y solté el aire despacio mientras entraba al auto.
—¡Ya basta! —le gruñí a mi lobo—. Se mantuvo lejos de los dos, si recuerdas. Se fue con nosotros en ese momento y está con nosotros ahora.
—Él nunca debió haber tenido intenciones con ella, para empezar. Debió ser más inteligente.
—Ya hablamos de esto. Es humana. Nadie pensó que tendría un compañero, y no podemos cambiar su pasado.
—Aun así, debió esperar —gruñó él.

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