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La Luna no deseada por el Alfa romance Capítulo 86

Kennedy

En cuanto regresamos a mi auto, Danny ya estaba en el asiento del pasajero y Jeeves volvía a estar al volante.

—¿Cómo te fue en tu carrera? Espero que haya sido agradable y sin novedades. Qué bueno, en serio. ¿Disfrutaste el tiempo lejos de mí? ¿Te viste con algunos amigos? ¿Peleaste contra algún rebelde amargado en mi honor? ¿No? Qué mal. Tal vez la próxima. Me da mucho gusto que hayamos tenido esta conversación —Danny al menos se estaba riendo y Jeeves hacía un gran esfuerzo por no hacerlo. Greta solo se veía confundida—. Siento que me estoy volviendo loca y ya empecé a hablar conmigo misma en voz alta, ya que nadie tiene permitido dirigirme la palabra. La orden de ignorarme es mi favorita hasta ahora. Es increíble que todos me acepten y me traten como su amiga. Me siento muy bienvenida con esta recepción tan cálida —Le saqué la lengua y puse los ojos bizcos; ella se rio.

—No será tan pesado cuando lleguemos a casa. La seguridad debe ser estricta y estar concentrada mientras viajamos. Sé que es un fastidio para ti, pero tal vez esto ayude —dijo mientras levantaba mi mochila. No tenía idea de dónde la había sacado—. Tu celular y la computadora siguen con el equipo de seguridad, no puedo hacer nada al respecto hasta que estemos allá, pero estas últimas horas pueden ser un poco menos aburridas —Me guiñó un ojo.

—¡¿Ven?! ¡¿Por qué ninguno de ustedes pudo decir eso?! ¡Dijiste una frase completa sin tartamudear ni una vez! —alcé la voz al ver que Ryker caminaba de regreso a su camioneta. Él no me miró, pero el músculo de su mandíbula se movió, así que supe que me había escuchado—. Entiendo el protocolo de seguridad. Solo sería lindo que me lo explicaran con más que gruñidos a medias —Bajé el volumen y me enfoqué en Greta—. Los muchachos son tan necios. Gracias, Greta.

Me abrazó y esperó a que yo subiera al auto y cerrara la puerta antes de alejarse.

—Supongo que es bueno que yo no sea un muchacho —dijo Danny riéndose de mí.

—No, eres un muchacho atrapado en el cuerpo de un adulto que hace berrinche cuando su Alfa le arruina la conquista —Jeeves se atragantó con su café y Danny se vio sorprendido. Yo ni siquiera levanté la mirada de mi mochila. A aquel paso, el sarcasmo sería el único idioma que hablaría para el final de la semana—. ¿Escuché bien que se necesitaron tres mujeres para animarte? Al menos sé que es difícil reemplazarme.

—Primero, no vuelvas a mencionar eso o te quedarás sin un Delta del cual burlarte. Me gusta poder usar mis extremidades... todas. Nadie menciona el hecho de que intenté ligarme a la futura Luna de mi manada. Segundo, te uniste a la manada, le seguiste el ritmo a Greta y luego te veías increíble en la fiesta. Así que sí, necesité varias distracciones. Debería agradecerte, tuve una noche fantástica —Me guiñó un ojo—. La única razón por la que nadie más se te acercó fue porque...

—¿Te me pegaste como chicle casi toda la noche?

En aquella ocasión Jeeves no pudo contenerse; se rio a carcajadas y golpeó el volante con la mano.

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