Ryker
Gracias a la Diosa, el resto del camino transcurrió sin incidentes. Me dirigí a mi oficina con Josh, dejando que Greta y Bennet ayudaran a Kennedy a instalarse de nuevo en su cuarto. Aquella fue otra cosa por la que mi lobo no dejó de quejarse; él la quería con nosotros, quería ayudarla a sanar de sus rasguños. Pero como ella dijo que estaba bien, no me preocupé. Si hubiera estado herida y nos hubiera necesitado, lo habría dicho cuando le pregunté.
La manada de Edward parecía estarse acostumbrando a su nueva rutina y otros problemas pequeños se estaban resolviendo solos. Rory, Nathan y Don estaban de acuerdo con lo de la escuela, el centro de entrenamiento y el puesto del hospital; además, estaban preparados para trabajar a pesar de Claude. Al menos algunas cosas estaban saliendo como yo quería.
Nos turnamos para usar la regadera de mi oficina mientras discutíamos el ataque y lo que podría significar. No se lo dije a Kennedy, pero no estaba equivocada. Si hubieran ido específicamente por ella, habrían intentado sacarla del auto en cuanto se detuvo. Sin embargo, atacaron a los cuatro vehículos por igual.
Pero si ella no era el objetivo, ¿quién o qué lo era? Yo no fui. Al igual que con Kennedy, habrían lanzado toda su fuerza contra mi auto si yo fuera el blanco. Josh hizo que Grant se llevara los autos para una revisión completa; tal vez el ataque fue solo una distracción para algo más.
Robin pidió a las Omegas de la cocina que nos trajeran comida y dijo que iría a ver cómo estaba Kennedy en cuanto despertara. Nos estábamos acomodando para revisar los últimos planos de Linda que necesitaban aprobación. Ese proyecto sería enorme y traería mucho trabajo e ingresos para mi manada si lográbamos que se concretara.
—La Luna quiere salir a correr y, te aviso de una vez, está furiosa porque tengo que pedirte permiso —comentó Bennet riendo.
—¿Por qué sigue despierta? Debería estar agotada después de lo de hoy. Necesita descansar —le cuestioné.
—Tu idea de descanso y la de ella son muy diferentes.
—Está bien. Llévala por una ruta corta cerca del centro. Con eso debería bastar.
—Eh... —Bennet carraspeó.
“¿Por qué diablos estaba tartamudeando?”
—Quiere correr por el límite del territorio —dijo en un susurro; apenas se le escuchaba.
Me puse furioso.
—¡Ni de broma! ¿Está loca? ¡Y menos después de lo que pasó hoy!
—Le dije que dirías eso. Y la verdad, parece dispuesta a ignorar tu orden. Estamos afuera de tu oficina —Bennet sonaba derrotado, y eso que solo llevábamos un par de horas en casa.
Me tomé un segundo para calmarme. Sin embargo, no había forma de apagar mi enojo ante su falta de sentido de seguridad. Le dije a Josh que iba a necesitar un momento a solas con Kennedy para poner algunas reglas. Caminamos juntos hacia la puerta y ella estaba del otro lado, echando chispas.

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