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La Mujer Que Nunca Fui (de Alut) romance Capítulo 315

Capítulo 315: La mataron...

Con lo último dicho por Sebastian, Marina se fue a la cama. Ya su evidente barriguita le hacía difícil ir a dormir, pues daba varias vueltas en la cama hasta encontrar una posición que le pudiera brindar descanso.

En la casa que Sebastian les rentaba, ella ya se había acoplado a ir a dormir al sofá de la sala, pero en esta nueva casa, no sabía ni dónde ir a dormir, por lo que, harta de dar tantas vueltas, decidió ponerse su bata y salir al jardín.

Esperaba que con el fresco de la noche pudiera relajarse y quitarse el bochorno que tenía.

Al salir, decidió ir a donde estaba la alberca. Al llegar ahí, se percató de la presencia de Sebastian, quien fumaba un cigarro mientras estaba recostado en el camastro que Marina había imaginado usar.

La joven mujer estaba por regresar a su habitación cuando la voz de Sebastián captó su atención.

—25 años han pasado desde que te fuiste, mi niña... Hoy he pensado mucho en ti, María.

Marina pensó nuevamente en regresar a su habitación, pero, al hacerlo, su pantufla se atoró en un pequeño hueco y cayó al pasto. Aquello provocó que emitiera un pequeño gritito el cual provocó que Sebastian más rápido que el rayo, llegara hacia ella a auxiliarla.

—¡Marina! ¡Por Dios! ¿Qué... ¿Qué haces aquí?

¿Estás bien?

Marina, algo asustada, volteó a verlo y dijo:

—No, no podía dormir y decidí venir a... aquí...

¡Perdón! ¡Perdón! No quería...

—Cariño... Debes tener más cuidado. ¿Qué hubiera sucedido si no estoy yo aquí? —dijo el hombre levantándola con facilidad del pasto y llevándola hacia el camastro.

Marina sentía una calma impresionante al estar en brazos de aquel hombre; no podía evitarlo, quería verlo normal, quería no verlo con otros ojos, quería no sentir esa revolvedera en la panza, pero ese hombre le ponía la situación bastante complicada.

—A ver, vamos a revisar... —dijo Sebastian poniéndose en cuclillas para revisar que Marina no se hubiese lastimado el pie o las rodillas.

El hombre verificó los tobillos, los masajeó, luego subió un poco el camisón, comprobó las rodillas y, salvo el color verde del pasto, nada había ocurrido.

—Sebastian...

—¿Qué ocurre, cariñо?

—¿Por qué eres así conmigo? Te debo ser honesta, todo esto, todo lo que haces, todo lo que has hecho por mí y mis hijas, incluso por Ofelia, me confunde, me llena de conflicto y sé que voy a sonar como una cualquiera, pero... No sabes todo lo que generas en mí...

Sebastian la miró, se levantó, tomó sus pies y luego tomó asiento en el camastro, colocando estos en su regazo para comenzar a masajearlos.

—¡Mira! ¡Mira nada más lo que provocas! —dijo Marina mostrándole cómo los vellos de su piel se erizaban. —Sebastián, cuando estuve casada, mi vida íntima no era algo espectacular. Esteban fue el primer hombre en mi vida; yo escuchaba sobre el sexo extraordinario y no sabía qué significaba, al menos no lo supe hasta...

—¿Hasta el innombrable? ¿correcto?

—Él llegó en un momento de mi vida en el que, vaya, todo se dio natural, la intimidad fue ¡Wow!

—¿Asombrosa? ¿Maravillosa? ¿Excitante?

—Había una cierta química, él hizo cosas, él me enseñó cosas, yo poco a poco fui sabiendo qué era eso de jugar en la cama, de aceptar tus deseos, de desear conocer y explorar más cosas en mi cuerpo y...

—¿Y?

—Ahora que no está, no te voy a negar que hay días que sueño, sueño cosas, sueño con esos momentos, deseo vivirlos nuevamente y no sé si en algún momento los viviré. Mis hormonas andan desatadas y no quiero sonar ridícula, pero todo lo que haces, incluso ahora mismo, el que tengas tus manos en mis pies y los masajees, me provoca cosas.

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