—¡Josefina!
Benjamín se acercó de inmediato. Lo primero que hizo fue ayudar a Magdalena y a Alberto a levantarse.
Luego agarró del brazo a Josefina y le exigió con frialdad: —¿Qué demonios estás haciendo?
El tirón la hizo tambalearse.
Ella ignoró la furia de su esposo y le respondió con otra pregunta: —¿Y tú qué haces aquí? ¿Acaso no te avisaron que este año no iban a celebrar el cumpleaños?
Después de soltar eso, miró de reojo a Jimena y Andrés, quienes desviaron la mirada, nerviosos.
—Ah, ya entendí. A la única que le dijeron que no habría fiesta fue a mí, ¿verdad?
Josefina soltó una risa amarga. —Con razón... Lo repito, Magdalena es la verdadera hija de esta familia. Hacen un equipo perfecto.
—Celebraciones a escondidas y reuniones sorpresa... solo los invitan a ti y a ella.
Tras decir eso, sonrió con malicia y volvió a levantar la pierna en dirección a Magdalena.
—¿No es obvio? La estoy atacando.
—¡Ah! —exclamó Josefina, al ser empujada bruscamente por Benjamín.
Retrocedió de golpe, golpeándose la espalda fuertemente contra un pilar de la casa.
—Jose... —La expresión de Benjamín vaciló, suavizando un poco su tono.
—Hoy es el cumpleaños de tu papá. Si tienes algo que reclamar, que sea mañana.
Josefina asintió irónicamente.
—No tengo nada más que decir. Están celebrando en familia, ¿qué pito toco yo, si soy una intrusa?
Se reincorporó, se acomodó la ropa y volvió a hablar.
—Cuando acabe su fiestecita, no se te olvide pasar al Registro Civil. Una vez que firmemos el divorcio, ya puedes venir a visitarlos como Dios manda.

VERIFYCAPTCHA_LABEL
Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Noche que Dejé de Esperarte