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La Noche que Dejé de Esperarte romance Capítulo 8

El hombre volvió a tomar la mano de ella.

Sus oscuros y penetrantes ojos se clavaron en ella por un instante antes de dirigirse a Andrés: —Papá, yo tuve la culpa de que Jose se molestara por no manejar bien las cosas. Déjame resolverlo a mí.

Andrés, aún molesto, se dejó caer en el sillón. —¡Síguele solapando todo! ¡Cada día está más incontrolable!

Benjamín sonrió con tranquilidad. —Es mi mujer. Me toca consentirla el resto de la vida.

Andrés arrojó el cinturón sobre la mesa.

Jimena se acercó apresurada. —Benjamín, ¿te lastimó mucho la espalda? ¿Quieres que te pongamos algo?

Benjamín negó con la cabeza. —No es nada. Ya mandé a que trajeran los regalos. Jose y yo nos retiramos; cualquier cosa, me marcan.

Conectó su mano fuertemente a la de Josefina y se dirigió hacia la salida.

Apenas dieron dos pasos, Josefina se zafó bruscamente de su agarre.

Ella sabía lo que era recibir esos golpes.

Sabía perfectamente cuánto dolía.

Ese ardor agudo, la sensación de que te abrían la piel a tajos... aún lo recordaba vívidamente.

Pero no iba a conmoverse solo porque Benjamín recibiera un golpe por ella.

Todo este infierno lo había provocado él, así que se tenía bien merecido ese castigo.

A regañadientes, Josefina subió al coche de Benjamín.

Mientras el hombre se inclinaba sobre ella para abrocharle el cinturón de seguridad, le lanzó una pregunta de golpe.

—¿Ya te acostaste con Magdalena?

La suavidad en la mirada de Benjamín se esfumó en un segundo. —Es la viuda de mi hermano. ¿Puedes dejar de decir estupideces?

—Dicen por ahí que la mujer ajena siempre sabe mejor —dijo Josefina, soltando una risa amarga—. ¿A poco no te la pasaste increíble con ella?

Josefina abrió la boca y le dio una mordida con todas sus fuerzas.

Un sabor metálico a sangre llenó la boca de ambos.

—¡Eres un desgraciado!

Le soltó una bofetada que resonó en el coche. —¡Me quiero divorciar! ¡Llévame al Registro Civil ahora mismo, Benjamín! ¡Ya no te quiero!

Benjamín volteó la cara por el impacto, se pasó la lengua por el interior de la mejilla y volvió a mirarla con una frialdad absoluta. —¿Me estás armando todo este teatro del divorcio por puras alucinaciones tuyas? ¿Lo dices en serio, Josefina?

—¡Sí!

Ella no titubeó un solo segundo—. Divorcio.

—Perfecto. Luego no te andes arrepintiendo.

Envuelto en un aura de furia, Benjamín azotó la puerta del copiloto. Se subió al asiento del conductor, aceleró a fondo y enfiló el coche directamente hacia el Registro Civil.

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