Yvaine.
Decididamente, cumplir mis promesas con Norman, se estaban volviendo más un problema que una solución. Todo esto me pasa, por intentar comprender a este hombre tan difícil.
Pero que se va a hacer, lo amo con locura, pese a ser el hombre más más manipulador e insufrible que he conocido nunca, siempre quiere salirse con la suya.
Dejé a Kim, para realizar la llamada, que le había prometido, tras la última discusión con Norman, donde le prometí que siempre que hubiera problemas, se lo iba a comunicar.
Aunque yo ya lo había solucionado, sabía que todo esto iba a llegar a sus oídos, era mejor que yo fuera quien se lo contase y porque lo había hecho.
No quería volver, otra vez, a estar en esas sensaciones y situaciones de malestar, que llevamos en los últimos días. Tenía que cumplir mi palabra con él, era muy importante. Pese que él aun estuviera enojado conmigo.
Además, cómo podía yo exigirle a él que cumpliera la promesa que me hizo, de mantener estas tres últimas semanas, mi identidad en secreto, y yo, para lo único que me había pedido, no lo cumplía.
Cuando marqué el teléfono, estaba muy nerviosa, hacia días que no hablábamos. No pasaron ni unos segundos, cuando él me respondió.
-” ¡Dime!”- tu voz estaba seria y se le notaba enfadado, o por lo menos afectado por algo. Sentí cierto miedo y estuve a punto de echarme atrás, y no contarle nada, pero si quería que mi relación con Norman fuera lo más sincera posible, tenía que dar ese paso.
-” Te llamo para comunicarte lo que ha pasado, aunque sé que tú lo sabes, debido al revuelo que se ha montado. Desde hace unos días sospechaba que, en esta fiesta, mi prima, tenían preparado algo, tenía miedo de que fuera algo que provocara que tú te enfadaras y.…”- me interrumpió.
-” Sube a la suite presidencial, no vamos a hablar de esto así, por él móvil. Solo tienes que decirles a los guardias quién eres, aunque creo que ellos, te van a reconocer”- y sin más me colgó el teléfono.
-” ¡Norman Miller, eres insufrible!”- grité en las escaleras, pensando que nadie me había oído, lo que no sabía es que desde varias de las cámaras que vigilaban las escaleras, el CEO de Miller Holding me estaba oyendo y viéndolo todo, en el ordenador de su despacho, que se encontraba en la suite presidencial.
Se estaba muriendo de la risa, mientras yo saltaba y gesticulaba de rabia, con ganas de golpear algo, preferiblemente, la cara fría y orgullosa de cierto empresario, muy parecido físicamente a mis hijos.
Llegué con desgana al piso donde se encontraba la suite presidencial, tras coger el ascensor desde la segunda planta. Una por encima de donde se encontraba la fiesta. Caminaba sin gana, la verdad no me apetecía nada este enfrentamiento con mi marido, sabía que estaba muy enfadado conmigo, y yo no deseaba en estos momentos, discutir con él. Hacía días que lo echaba de menos, y pensé que estaba siendo muy injusto, castigándome así, sin su compañía en mi cama.
-” Sabe señor Miller, yo también sé enfadarme y ponerme rabiosa e insufrible, aunque hoy voy a hacer mi parte del trato y cumplir mis promesas. Te puedo asegurar que lo vas a lamentar, si sigues con esa actitud estúpida, que llevas los últimos días. Así que, o lo arreglamos todo hoy, o cuando ya quieras volver a mi cama, sea yo la que no quiera que estés”- iba hablando en mi cabeza, de todo lo que quería decirle al idiota de mi marido. Estaba tan entretenida, discutiendo como si mi marido estuviera presente, que no me di cuenta de que alguien me estaba siguiendo.
De repente me vi agarrada desde detrás, mientras me tapaban la boca con un pañuelo, me arrastraban por el pasillo en dirección contraria adonde yo iba. Estábamos en la última planta del hotel, cerca de la suite presidencial.
Me dio tiempo de pulsar el botón que tenía en mi móvil, ya que, desde la llamada a Norman, aun lo tenía en mis manos. Esta era una de las claves para cuando yo o los niños estuviéramos en algún caso de emergencia. También me coloque el móvil, en el interior mi escote, dentro del sujetador, para que no me lo quitaran. Era una de las normas, que habían enseñado los encargados de mi seguridad, en especial mi jefe de seguridad Edward, si alguna vez me encontraba en peligro.
Pronto me encontré dentro de una habitación que estaba totalmente oscura, mientras sentía cómo mi captor cerraba la puerta con llave, aun alguien me sujetaba la boca, con el pañuelo, para que no pudiera gritar. Sabía que tenía que liberarme, y me prepararme para hacer una de esas llaves que tanto habíamos practicado Kim y yo, en nuestras clases de defensa personal.
Pero cuando quise golpearlo, sentí como me arrojaba con fuerza a la cama boca abajo, mientras me sujetaban y me ataban las manos a la espalda, con eso me di cuenta que no era un solo captor, había dos. Ninguno de ellos hablaba, y en la oscuridad, casi no los podía ver. Finalmente me dejaron sobre la cama y salieron de la habitación, mientras yo estaba atada de pies y manos. Tenía una mordaza en la boca, que amortiguaba mis gritos de auxilio.
-” ¿Quién es tan subnormal de atacar a la mujer del CEO del grupo Miller en su propio hotel?”- pensé para mí misma. El traje de noche, me dificultaba el movimiento y estar atada de pies y manos no ayudaba.
Me sentía frustrada, más que asustada, sabía que era cuestión de minutos que Brandon apareciera con la caballería, y seguro que Norman estaría ahora mismos imaginando los miles de formas de matar a mis captores, por una milésima de segundo sentí pena por ellos, pero se me pasó enseguida.
Sentí como alguien entraba en la habitación, y como pude me incorporé para esperar tener de frente a mi enemigo, no dijo nada, pero de repente sentí que alguien me empujaba en la cama y se tiraba sobre mí, noté como intentaba besarme, mientras sus manos recorrían mi cuerpo, gracia a la mordaza no pudo besarme, ya que esta le impedía tener contacto con mis labios, pero sus manos si tocaron mis pechos mis caderas, y yo me sentí asqueada y quise gritar, mis lágrimas de impotencia salían de mis ojos y corrían por mis mejillas.
Por unos segundos, creí que nadie me salvaría, mientras, mi atacante intentaba desnudarme, se abrió la puerta y se encendieron las luces, yo cerré los ojos, no quería ver la cara de mi atacante, solo rezaba porque Norman viniera pronto.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La noche que te convertiste en la madre de mis hijos.