Yvaine.
Me subí al coche y junto a Kim nos dirigimos a uno de los bares más exclusivos, donde solía ir mi díscola amiga, cuando hacía pases en Nueva York.
-” Bueno, Yvaine, comienza a contar y no te dejes nada”- fue así como acabe esa noche, llorando en brazos de mi amiga, medio borracha, mientras le contaba que había sucedido y como mi maravilloso marido, me habías hecho salir del shock en el que me encontraba. Aunque, en varias ocasiones tuve que agarrar a una Kim borracha, que quería cortarle sus atributos masculinos a mi atacante.
-” Bueno y tú, Kim, ¿no tienes nada que contar?”- le dije secándome las lágrimas, y mirando a mi amiga, para distraerla de la misión que tenía hoy en mente, y que podría llevarla a la cárcel.
-” Bueno aparte que el idiota del asistente me volvió a besar, y cuando creía que lo habia despistado, me encontró, y que casi termine en la limusina perdiendo mi virginidad, si no hubiera llamado tu marido, para decirnos que te habia pasado algo, Nada más. Casi tenía convencido al idiota, tentador, manipulador, y deseable de Jason Blake, para que me la hubiera arrancado, pero ese hombre es más difícil que hablar con mis padres. ¿Sabes que pretende? que vaya virgen al matrimonio, ¡Pero si yo no me voy a casar!, ni loca. Ni siquiera por llevarme a ese dios del sexo a la cama, para que me enseñe de todo lo que se puede hacer, porque, si lo poco que me hizo es pervertido, es una muestra de lo que ese hombre es capaz, yo hoy mismo, a esta hora, ya no sería virgen”- al oír a mi frustrada amiga, no pude evitar reírme.
Así, fue como nos encontraron nuestros respectivos hombres, borrachas y riéndonos de todo, sobre todo de lo bueno que eran nuestros hombres en la cama, aunque como decía Kim, ella aún estaba en periodo de garantía y sin probar el producto.
En segundos, pase a ser una mujer borracha, y disparatada, a ser una mujer borracha, a la que su marido cargaba en sus brazos a su coche, mientras la miraba con ternura mal disimulada con seriedad, por otro lado, cuando pude levantar la cabeza, y mirar por encima del hombre de Norman, vi como el asistente Blake cargaba a mi amiga, como si fuera un saco de papas, en su hombro, mientras se la llevaba, le grite a Kim.
-” ¿Vas a.… ir a sellar la... la...la garantía, peli... pelirroja?”- le dije riéndome borracha.
-” Eso espero... ¡No entiendo! ...no entiendo como este culito...no tiene dueña, señor Blake”- el cometario de mi amiga, hizo reír hasta a mi marido, no tanto, a quien iba dedicado el comentario. Que dándole una ligera nalgada a la pelirroja en su trasero que tenía a la altura del hombro, le dijo mientras se dirigía a su coche.
-” Estate quieta, sirena, o te llevo directamente al registro civil, y nos casamos esta misma noche, para demostrarte a quien perteneces tú, y a quien pertenece mi culito-” le dijo el asistente muy serio.
-” Agua-fiestas"- dijo mi amiga desmayándose después de la embriaguez, a partir de ahí lo único que recuerdo fue que me quede dormida en los brazos de mi marido, donde sino podía estar mejor.
Jason.
Esta pelirroja me volvía loco, era una autentica sirena atrapa hombres, mi vida con ella, iba a ser divertida, sobre todo cuando la hiciera mía, ese fuego en mi cama, nos iba abrazar a los dos. Salí de la habitación donde, esa bruja me habia dejado.
Pero ahora tenía que verme con ciertos empleados, que no entendían lo que era el respeto a la mujer, sobre todo a mi mujer. Cogí mi móvil.
-” Tienes las imágenes de las escaleras, quiero en cinco minutos a los responsables en mi despacho. Y su carta de despido en tres minutos.”- miré la habitación desde la puerta abierta, donde Kimberly me había dejado.
En realidad, yo la había metido primero allí, para alejarla de sus perseguidores, no tengo culpa que esa sirena pelirroja no sepa mantener la boca cerrada, y que tuviera que cerrársela besándola.
No me quejo de ello, para ser su segundo beso, esa la mujer se entregaba sin ninguna desinhibición, volviéndote loco con su sabor. No pude evitar dejarla marcada, aún recuerdo esas marcas rojas en su cuello, después de probar su aditiva piel, podría alimentarme solo de ella.
Aun cuando, seguía discutiendo conmigo, frente a la puerta, esas marcas resaltaban bajo su blanca piel, como si fueran un faro. Eso dejarían claro a todo hombre que las viera, que esa mujer ya tenía quien la satisficiera, y en cuanto le pusiera un anillo en su dedo, alejaría a todos esos moscones.
Los que desde luego se iban a enterar, eras los responsables de haberla perseguido por la escalera y haberle hablado de forma tan asquerosa. No voy a permitir que nadie se dirija así a mi mujer, y menos unos empleados borrachos, que no saben comportarse, cuando son la viva imagen de la empresa.
Ya una vez en el despacho, me encontré a tres individuos totalmente borrachos de rodillas en el suelo, mientras el personal de seguridad de Miller, se encargaba de mantenerlos ahí, ya que no se podían sostener por sí mismos, dentro de su borrachera me miraban con cara de susto, sabía que era el brazo derecho del CEO, y que cuando yo aparecía no solían pasar cosas muy buenas, ya que, como brazo ejecutor, no me temblaba la mano a la hora, de cumplir las órdenes que Norman me daba.
-” Veo que les gusta perseguir a las damas por las escaleras haciéndoles insinuaciones que ninguna mujer debería escuchar”- les dije encendiendo la pantalla de televisión que había en mi despacho y mostrando las imágenes, que hasta a mí me perturbaban, al ver a mi mujer correr escaleras arriba, huyendo de esos salvajes.
-” Lo sentimos señor Blake, no pretendíamos causarle ningún daño, ya sabe el alcohol, y esa mujer era tan preciosa, qué parecía que nos alentaba a perseguirla”- me dijo uno de ellos, tuve que hacer todo mi esfuerzo, para no golpearlo. ¿Cómo se atrevía a insinuar que Kimberly, los había alentado?
-” Me parece extraño lo que estáis diciendo, ya que la mujer a la que perseguiste, ya tiene un hombre que la satisface, ya que resulta que es mi mujer, y si no llego a estar, en una de las habitaciones, cercanas cuando ustedes las estaban persiguiendo, no sé lo que le hubiera pasado.”- al oírme la cara de los tres pasó de un color rojo por el alcohol, a pálido por el miedo.
En ese momento, los tres empleados comprendieron que habían metido la pata hasta el fondo, así que prácticamente no protestaron cuando se les entregaron las cartas de despido. Me aseguré de que salieran de la fiesta, acompañados por el servicio de seguridad del hotel. Cuando estaba llegando a los aparcamientos, para despedir a nuestros ex empleados, observé que, a la distancia, y como distraída, mi sirena se estaba acercando también a los aparcamientos.
Con solo echar un ojo a la batería de coches que estaban aparcados en ese recinto, vi alrededor de una limusina blanca, a los responsables de la seguridad de la señora Miller, por lo cual, deduje, que ese era el vehículo con que el que habían llegado la fiesta.
Llegué antes que ella a la limusina, y le indiqué al servicio de seguridad, que podían hacer un descanso mientras yo, me quedaba allí esperando a la señorita Peterson.
Así que una vez dentro de la limusina solo tuve que esperar a que ella abriera la puerta mientras me servía una copa de champán. Mi intención en todo momento, solo fue sorprenderla, ya que no esperaba que esa mujer, con solo mirarme, descontrolara mis hormonas, así que cuando intentó que saliera de la limusina, solo me quedo arrastrarla por un brazo hacia el interior, y una vez que la toque, no pude evitar besarla.
Es extraño lo que ocurre con esta mujer, he tenido a miles de amantes y ninguna, tan solo con mirarme, me hace que me hierva la sangre, como consigue Kimberly Peterson. Cuando puse mis labios en los suyos, noté que estaba perdido.
Mientras en otras ocasiones, ella tendía resistirse al principio, ahora mismo, se entregó a mis besos sin dudas, solo oírla gemir mientras con mis labios acariciaba los suyos, mientras mi lengua entraba en su boca, así, que poco a poco perdía, más y más, el control sobre mí.
Pronto esa mujer comenzó a quitarme la chaqueta del esmoquin, mientras yo volvía a besar su cuello, con fervor buscándole la cremallera que cerraba, ese dichoso vestido, que me volvía loco. Saboreaba sus hombros al descubierto y el nacimiento de los pechos, mientras que sus gemidos se mezclaban con mis gruñidos, roncos de deseo.

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