Norman.
Miré mi reloj mientras, me cambiaba el smoking tras el baile, en algo más cómodo, para lo que tenía en mente. Durante todo este tiempo, he estado manteniéndome tranquilo, y tomándome mi tiempo, aunque lo que verdaderamente quería, era ir a por el responsable, que había tocado e intimidado a mi mujer.
No me pude controlarlo, cuando me dijeron el personal de seguridad, encargado de mi mujer, que mientras se dirigía a mi despacho había sido secuestrada y que se le había llevado a una de las habitaciones del sexto piso, casi enloquecí. ¿Quién se había atrevido a secuestrar a mi mujer, delante de mis narices? Fue tanto la ira que me atravesó, cuando recibí la llamada de lo que había sucedido, que casi despedí a todo el grupo de seguridad del hotel por no tenerla vigilada. Aunque si soy sincero, al no poder, decir quién era ella, como podían suponer que debían vigilarla.
Gracias a que mi mujer era muy inteligente, y activó el localizador que habíamos instalado en su móvil, pronto se supo la habitación donde la habían encerrado, cuando vi en mi ordenador como la había cogido, cuando se hallaba a unos metros de la suite presidencial, no pude evitar estrellar la pantalla de mi ordenador contra el suelo.
Ordené que la encontraran lo antes posible. Cuando me indicaron que ya tenían la habitación, fui con mis hombres a rescatar a mi mujer. Antes de entrar en la habitación, estaban los de guardia los hombres que habían raptado a la madre de mis hijos. Los dos pobres diablos, fueron inmovilizados rápidamente, cuando entramos, y prendimos la luz, sentí que me volvía loco, sobre mi mujer, había un mal nacido, manoseándola, he intentado besarla, mientras mi esposa con los ojos cerrados, lloraba mientras permanecía amordazada, y atada de pies y manos. Me tuvieron que agarrar mis hombres porque lo quería matar allí mismo.
-” Llévenselo, a los tres y den su merecido a estos dos, a este déjenlo para mí, pero no lo matéis, en dos horas iré para ajustarle las cuentas, salgan todos de aquí ¡ya!”- mi prioridad ahora era hacer que mi mujer se sintiera segura.
Cuando la mire, estaba aún paralizada con la mordaza en su boca, y la atadura en sus manos y pies. Pero lo que más me preocupo fue que, pese a todo el ruido y los gritos, ella permanecía inmóvil con los ojos cerrados, mientras las lágrimas rodaban por sus mejillas, esa imagen se quedó grabada en mi mente, pero la guarde para hacer pagar a los responsables, por cada lagrima que mi mujer había derramado. Ahora sólo deseaba volver a traerla a mi lado, para que se sintiera segura.
Casi me destrozo la habitación cuando, al abrazarla e intentar hablar con ella, no me reconocía e incluso intento alejarse de mí. La liberé de las ataduras, para que así pudiera hablarme, pero Yvaine se había ido muy lejos. Estaba desesperado, aunque intentaba que mi voz sonara tranquila, y segura.
Cuando al fin me pidió que la llevara al baño para vomitar, entendí que el asco que sintió al sentirse manoseada por ese desgraciado, le provocaba que su cuerpo reaccionara de esa manera, me juré que le cortaría, a ese desgraciado, las manos por haber osado tocarla.
Después de haber vomitado, la mire sentada en el wáter. Parecía una niña indefensa que, se negaba a abrir los ojos por miedo a ver la realidad, no sabía cómo llegar a ella, hasta pensé en llamar a un médico, para que le ayudara. Solamente los ruegos de mi mujer, de que le hiciera olvidar, me dieron la fuerza para comprender que Yvaine, me necesitaba tanto, como yo la necesitaba ahora a ella.
Me entregué a la tarea de hacerla olvidar, puse en cada caricia, en cada beso, todo lo que sentía por ella, y cuando al fin la tuve gimiendo de placer a mi lado, supe que lo único que necesitaba, era volver a ver esos ojos verdes, que me volvían loco, esos ojos que cuando llegaba al orgasmo, brillaban como esmeraldas. Los ojos de Alicia, era la más valiosa joya de mi colección, y que nuestra unión, hiciera que mis hijos compartieran la dicha de haberlos heredado, era la mayor de mis felicidades.
Todo lo que Yvaine compartía conmigo y despertaba en mí, hacía que mi existencia en este mundo, cobrara sentido.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La noche que te convertiste en la madre de mis hijos.